Codex Amiatinus

El Codex Amiatinus es el manuscrito más antiguo que existe de la Vulgata, la Biblia completa escrita en latín. Se lo considera la copia más precisa de la traducción original que hizo san Jerónimo y fue utilizado para revisar la Vulgata del papa Sixto V entre 1585 y 1590. Es uno de los manuscritos más importantes del mundo y se conserva en la Biblioteca Laurenciana de Florencia. En su Historia eclesiástica de Inglaterra, el historiador y erudito inglés Beda el Venerable (673-735) registra que el monje benedictino Ceolfrido (642-716), abad de Wearmouth y Jarrow y profesor de Beda, encargó tres grandes Biblias al scriptorium de la abadía de Wearmouth y Jarrow: dos fueron destinadas a las iglesias gemelas de Wearmouth y Jarrow, respectivamente, y la tercera iba a ser obsequiada al Papa. Las Biblias se copiaron del Codex Grandior del siglo VI, que ahora está perdido. De los tres ejemplares, el único que sobrevivió es el que más tarde se conoció como Codex Amiatinus. Ejecutada por siete escribas diferentes, la copia fue entregada al papa Gregorio II por los compañeros de Ceolfrido en 716, tras su muerte camino a Roma. El manuscrito permaneció durante siglos en la abadía de San Salvador en el monte Amiata, en Toscana, y fue trasladado a la Biblioteca Laurenciana en 1782, después de que Pedro Leopoldo I, gran duque de Toscana entre 1765 y 1790, suprimiera las órdenes religiosas. El códice presenta dos grandes iluminaciones: un retrato de Esdras, profeta del Antiguo Testamento, y una representación de Cristo en Majestad. A Esdras se lo ve escribiendo sobre el regazo, sentado frente a una biblioteca, que contiene una Biblia de nueve volúmenes. Esta iluminación es una de las imágenes más antiguas del mundo occidental en mostrar una estantería con libros encuadernados. El códice también incluye un plano a doble página del tabernáculo en el Templo de Jerusalén. El manuscrito presenta una marcada influencia bizantina, en especial, en las iluminaciones. Durante mucho tiempo, se pensó que su origen era ítalo-bizantino, más que inglés. Otra característica distintiva del códice es su tamaño: consta de 1030 folios que miden alrededor de 505 por 340 milímetros. Se necesitó el cuero de un becerro entero para producir cada bifolio.

Los desastres de la guerra

La Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid conserva entre sus tesoros dos ejemplares (uno de la Facultad de Filosofía y Letras, y uno de la Facultad de Medicina) de los cien que formaron la tercera edición de la serie Los desastres de la guerra, de Francisco de Goya. Con sus grabados, Goya ilustra episodios que presenció tanto en Madrid como en Zaragoza, su tierra natal, donde realizó esta obra tras huir de la corte entre 1810 y 1815. Estos grabados se publicaron de forma póstuma. El Museo Británico conserva un ejemplar que Goya le regaló a su amigo Ceán Bermúdez, cuyo título es Fatales consequencias de la sangrienta guerra en España con Buonaparte. Y otros caprichos enfaticos. Las láminas se conservaron en la Quinta del Sordo, la casa de campo del artista, y pasaron a ser propiedad de su hijo Javier hasta su fallecimiento en 1854. En 1862, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando adquirió 80 placas de cobre, que editó por primera vez en 1863 con el título «Los desastres de la guerra». En 1870, Paul Lefort recuperó las dos últimas estampas, la 81 y la 82, y las donó a la Academia. Así quedó reunido todo el conjunto que hoy se conserva en la Calcografía Nacional de Madrid (calcografía es el arte de grabar por medio de placas de cobre). En esta serie, Goya decide centrarse en la otra cara de la guerra: sus calamidades y su miseria. No hay grandes escenas de batalla: las luchas son protagonizadas por muy pocas personas. Mientras que en los dibujos preparatorios para esta obra hay algunos elementos paisajísticos, en la versión final de las estampas se eliminan esos elementos anecdóticos y la imagen se universaliza. Las escenas bélicas aparecen desprovistas del heroísmo y el triunfalismo tradicionales, y el artista acentúa el horror de la guerra de una forma novedosa y moderna, y sorprende por la falta de denuncia hacia un bando concreto. Se culpa a los franceses por su ocupación y a los españoles por su violencia desmedida. El erudito Enrique Lafuente Ferrari argumenta que Goya no debió de haber editado Los desastres de la guerra en su época por temor a la reacción absolutista, y que Ceán, igualmente temeroso, agregó el título «Caprichos enfáticos» a las imágenes más comprometedoras, tratando así de justificarlas. Las técnicas varían en cada lámina: junto al aguafuerte, una novedad en la España de su época, Goya utiliza la acuarela y el aguatinta. En consecuencia, puede observarse el uso de diferentes métodos en un mismo grabado. Según Lafuente, el empleo del aguafuerte enfatiza los efectos dramáticos. Hay, en total, siete ediciones publicadas hasta 1937. La última de ellas fue la estampada por Adolfo Rupérez, afamado impresor de grabados de artistas, en cuya introducción se aconseja «no tirar más pruebas de tan sagradas reliquias, pues de lo contrario desaparecerán para siempre».

«Cuaderno de hule negro», de Rubén Darío

El poeta nicaragüense Rubén Darío fue uno de los principales representantes del modernismo y uno de los escritores que ha tenido más influencia en la literatura en lengua española de finales del siglo XIX y principios del XX. Su archivo personal, formado por más de 5000 documentos, reúne materiales producidos entre 1893 y 1923 sobre su actividad diplomática y literaria, así como sobre su vida privada. La tipología documental es muy variada: borradores, fotografías, cartas, notas manuscritas, postales, tarjetas de visita, testamentos, telegramas, recortes de prensa, oficios, facturas, menús y más. Entre los documentos, se destaca un cuaderno que contiene poemas autógrafos de Darío, dibujos hechos por su hijo y otros manuscritos acerca de su ámbito familiar más íntimo. Se trata de un cuaderno escolar con tapas de hule que Darío llevó durante su viaje a Nicaragua entre 1907 y 1908 y, luego, de regreso a España. Tanto las tapas de hule como las páginas acusan la acción del tiempo, así como la huella de otros usos: de regreso al hogar, sirvió de cuaderno de dibujo para su hijo, Rubén Darío Sánchez (apodado «Güicho»). Se aprecian dibujos infantiles, rayas y garabatos a lápiz en casi todas las páginas, incluso en aquellas que contienen autógrafos de Darío. Faltan cuatro hojas al principio, y las páginas han sido numeradas posteriormente. Las primeras 38 contienen una serie de composiciones poéticas autógrafas completas e incompletas de Darío, varios poemas editados —algunos con variantes entre las versiones autógrafas y las versiones impresas (las primeras constituyen los originales)—, varias poesías inéditas y cinco estrofas de otra composición. Se destacan el «Poema de otoño» (páginas 1-11), que está incompleto, y el manuscrito original del poema «Canción otoñal» (páginas 13 y 14). Casi al final del cuaderno (páginas 41-59), se observan páginas copiadas por Francisca Sánchez, en letra irregular, probablemente de un capítulo de la novela inédita de Darío, La isla del oro. Francisca fue pareja del poeta desde 1899, y fueron el propio Darío y Amado Nervo quienes le enseñaron a escribir. En la página 40 del cuaderno se observa una curiosa anotación de puño y letra de Darío con claves telegráficas para comunicarse con su hijo Rubén y Francisca. Tras el fallecimiento de Rubén en 1916, Francisca Sánchez custodió el conjunto documental dentro de un baúl en su hogar de Navalsaúz (Ávila) hasta 1956, cuando decidió donarlo al Ministerio Español de Educación Nacional. El archivo permaneció en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid hasta 2008, fecha en que ingresó en la Biblioteca Histórica de la misma universidad, institución que conserva y ofrece acceso a estos documentos.

La Donsayna, número 1, 1 de diciembre de 1844

La Donsayna fue un periódico satírico escrito en valenciano publicado en Madrid en la década de 1840 por Josep Bernat i Baldoví, quien además fue su editor y colaborador principal. En esa época, Bernat i Baldoví era miembro de las Cortes Generales, la legislatura española. Otros colaboradores fueron Josep Maria Bonilla i Martínez y Pascual Pérez y Rodríguez. La publicación refleja la atmósfera de una era de cambio, una época que puede considerarse el inicio del Estado moderno en España y en otros países europeos. Entre los cambios en curso, estaban la unificación del mercado que había disparado la industrialización y una mayor estructuración política con el surgimiento de nuevas unidades administrativas (las provincias) y de la ideología de la «patria» como elemento constituyente del estado-nación. También fue un período de creciente castellanización y de consolidación del español como idioma nacional. En este contexto, La Donsayna se inclinaba por el uso del valenciano coloquial. Los antecedentes de este idioma se encontraban en el teatro y en la comunicación popular: aucas (viñetas), romances de ciego (baladas populares de transmisión oral) y colloquiers (poesía oral). Desde la Edad Media, las obras de teatro habían formado parte de las distintas culturas populares europeas, casi siempre utilizando lenguas maternas, distintas de las oficiales impuestas por las clases dirigentes en el marco de los nuevos estados modernos. En el periódico, convivían recursos dramáticos y humorísticos con una fuerte orientación popular, que permitían reflejar la vida cotidiana de las tierras valencianas en la primera mitad del siglo XIX. Una manera de retratar aquella sociedad fue hacer que los personajes hablaran su lengua para identificar el estrato social al que pertenecían: mientras que las clases más bajas hablaban en valenciano, aquellos que querían aparentar un estatus un poco más elevado utilizaban el castellano, aunque con numerosos errores y «valencianismos». Por medio de la sátira y la ironía, se representaba también la polarización entre los grupos acomodados (propietarios tradicionales y burguesía) y la gente común. La publicación mostraba situaciones cotidianas que describían escenas familiares de personas, cafés, casinos y casas. El humor se utilizaba como vehículo para llamar la atención frente a la tensa situación que se vivía en una época de transición entre el mundo rural y la nueva sociedad urbana. La Donsayna era una publicación semanal. Aquí se presentan los 13 ejemplares que aparecieron entre el 1 de diciembre de 1844 y el 23 de febrero de 1845.

La Donsayna, número 2, 8 de diciembre de 1844

La Donsayna fue un periódico satírico escrito en valenciano publicado en Madrid en la década de 1840 por Josep Bernat i Baldoví, quien además fue su editor y colaborador principal. En esa época, Bernat i Baldoví era miembro de las Cortes Generales, la legislatura española. Otros colaboradores fueron Josep Maria Bonilla i Martínez y Pascual Pérez y Rodríguez. La publicación refleja la atmósfera de una era de cambio, una época que puede considerarse el inicio del Estado moderno en España y en otros países europeos. Entre los cambios en curso, estaban la unificación del mercado que había disparado la industrialización y una mayor estructuración política con el surgimiento de nuevas unidades administrativas (las provincias) y de la ideología de la «patria» como elemento constituyente del estado-nación. También fue un período de creciente castellanización y de consolidación del español como idioma nacional. En este contexto, La Donsayna se inclinaba por el uso del valenciano coloquial. Los antecedentes de este idioma se encontraban en el teatro y en la comunicación popular: aucas (viñetas), romances de ciego (baladas populares de transmisión oral) y colloquiers (poesía oral). Desde la Edad Media, las obras de teatro habían formado parte de las distintas culturas populares europeas, casi siempre utilizando lenguas maternas, distintas de las oficiales impuestas por las clases dirigentes en el marco de los nuevos estados modernos. En el periódico, convivían recursos dramáticos y humorísticos con una fuerte orientación popular, que permitían reflejar la vida cotidiana de las tierras valencianas en la primera mitad del siglo XIX. Una manera de retratar aquella sociedad fue hacer que los personajes hablaran su lengua para identificar el estrato social al que pertenecían: mientras que las clases más bajas hablaban en valenciano, aquellos que querían aparentar un estatus un poco más elevado utilizaban el castellano, aunque con numerosos errores y «valencianismos». Por medio de la sátira y la ironía, se representaba también la polarización entre los grupos acomodados (propietarios tradicionales y burguesía) y la gente común. La publicación mostraba situaciones cotidianas que describían escenas familiares de personas, cafés, casinos y casas. El humor se utilizaba como vehículo para llamar la atención frente a la tensa situación que se vivía en una época de transición entre el mundo rural y la nueva sociedad urbana. La Donsayna era una publicación semanal. Aquí se presentan los 13 ejemplares que aparecieron entre el 1 de diciembre de 1844 y el 23 de febrero de 1845.

La Donsayna, número 10, 2 de febrero de 1845

La Donsayna fue un periódico satírico escrito en valenciano publicado en Madrid en la década de 1840 por Josep Bernat i Baldoví, quien además fue su editor y colaborador principal. En esa época, Bernat i Baldoví era miembro de las Cortes Generales, la legislatura española. Otros colaboradores fueron Josep Maria Bonilla i Martínez y Pascual Pérez y Rodríguez. La publicación refleja la atmósfera de una era de cambio, una época que puede considerarse el inicio del Estado moderno en España y en otros países europeos. Entre los cambios en curso, estaban la unificación del mercado que había disparado la industrialización y una mayor estructuración política con el surgimiento de nuevas unidades administrativas (las provincias) y de la ideología de la «patria» como elemento constituyente del estado-nación. También fue un período de creciente castellanización y de consolidación del español como idioma nacional. En este contexto, La Donsayna se inclinaba por el uso del valenciano coloquial. Los antecedentes de este idioma se encontraban en el teatro y en la comunicación popular: aucas (viñetas), romances de ciego (baladas populares de transmisión oral) y colloquiers (poesía oral). Desde la Edad Media, las obras de teatro habían formado parte de las distintas culturas populares europeas, casi siempre utilizando lenguas maternas, distintas de las oficiales impuestas por las clases dirigentes en el marco de los nuevos estados modernos. En el periódico, convivían recursos dramáticos y humorísticos con una fuerte orientación popular, que permitían reflejar la vida cotidiana de las tierras valencianas en la primera mitad del siglo XIX. Una manera de retratar aquella sociedad fue hacer que los personajes hablaran su lengua para identificar el estrato social al que pertenecían: mientras que las clases más bajas hablaban en valenciano, aquellos que querían aparentar un estatus un poco más elevado utilizaban el castellano, aunque con numerosos errores y «valencianismos». Por medio de la sátira y la ironía, se representaba también la polarización entre los grupos acomodados (propietarios tradicionales y burguesía) y la gente común. La publicación mostraba situaciones cotidianas que describían escenas familiares de personas, cafés, casinos y casas. El humor se utilizaba como vehículo para llamar la atención frente a la tensa situación que se vivía en una época de transición entre el mundo rural y la nueva sociedad urbana. La Donsayna era una publicación semanal. Aquí se presentan los 13 ejemplares que aparecieron entre el 1 de diciembre de 1844 y el 23 de febrero de 1845.

La Donsayna, número 11, 9 de febrero de 1845

La Donsayna fue un periódico satírico escrito en valenciano publicado en Madrid en la década de 1840 por Josep Bernat i Baldoví, quien además fue su editor y colaborador principal. En esa época, Bernat i Baldoví era miembro de las Cortes Generales, la legislatura española. Otros colaboradores fueron Josep Maria Bonilla i Martínez y Pascual Pérez y Rodríguez. La publicación refleja la atmósfera de una era de cambio, una época que puede considerarse el inicio del Estado moderno en España y en otros países europeos. Entre los cambios en curso, estaban la unificación del mercado que había disparado la industrialización y una mayor estructuración política con el surgimiento de nuevas unidades administrativas (las provincias) y de la ideología de la «patria» como elemento constituyente del estado-nación. También fue un período de creciente castellanización y de consolidación del español como idioma nacional. En este contexto, La Donsayna se inclinaba por el uso del valenciano coloquial. Los antecedentes de este idioma se encontraban en el teatro y en la comunicación popular: aucas (viñetas), romances de ciego (baladas populares de transmisión oral) y colloquiers (poesía oral). Desde la Edad Media, las obras de teatro habían formado parte de las distintas culturas populares europeas, casi siempre utilizando lenguas maternas, distintas de las oficiales impuestas por las clases dirigentes en el marco de los nuevos estados modernos. En el periódico, convivían recursos dramáticos y humorísticos con una fuerte orientación popular, que permitían reflejar la vida cotidiana de las tierras valencianas en la primera mitad del siglo XIX. Una manera de retratar aquella sociedad fue hacer que los personajes hablaran su lengua para identificar el estrato social al que pertenecían: mientras que las clases más bajas hablaban en valenciano, aquellos que querían aparentar un estatus un poco más elevado utilizaban el castellano, aunque con numerosos errores y «valencianismos». Por medio de la sátira y la ironía, se representaba también la polarización entre los grupos acomodados (propietarios tradicionales y burguesía) y la gente común. La publicación mostraba situaciones cotidianas que describían escenas familiares de personas, cafés, casinos y casas. El humor se utilizaba como vehículo para llamar la atención frente a la tensa situación que se vivía en una época de transición entre el mundo rural y la nueva sociedad urbana. La Donsayna era una publicación semanal. Aquí se presentan los 13 ejemplares que aparecieron entre el 1 de diciembre de 1844 y el 23 de febrero de 1845.

La Donsayna, número 12, 16 de febrero de 1845

La Donsayna fue un periódico satírico escrito en valenciano publicado en Madrid en la década de 1840 por Josep Bernat i Baldoví, quien además fue su editor y colaborador principal. En esa época, Bernat i Baldoví era miembro de las Cortes Generales, la legislatura española. Otros colaboradores fueron Josep Maria Bonilla i Martínez y Pascual Pérez y Rodríguez. La publicación refleja la atmósfera de una era de cambio, una época que puede considerarse el inicio del Estado moderno en España y en otros países europeos. Entre los cambios en curso, estaban la unificación del mercado que había disparado la industrialización y una mayor estructuración política con el surgimiento de nuevas unidades administrativas (las provincias) y de la ideología de la «patria» como elemento constituyente del estado-nación. También fue un período de creciente castellanización y de consolidación del español como idioma nacional. En este contexto, La Donsayna se inclinaba por el uso del valenciano coloquial. Los antecedentes de este idioma se encontraban en el teatro y en la comunicación popular: aucas (viñetas), romances de ciego (baladas populares de transmisión oral) y colloquiers (poesía oral). Desde la Edad Media, las obras de teatro habían formado parte de las distintas culturas populares europeas, casi siempre utilizando lenguas maternas, distintas de las oficiales impuestas por las clases dirigentes en el marco de los nuevos estados modernos. En el periódico, convivían recursos dramáticos y humorísticos con una fuerte orientación popular, que permitían reflejar la vida cotidiana de las tierras valencianas en la primera mitad del siglo XIX. Una manera de retratar aquella sociedad fue hacer que los personajes hablaran su lengua para identificar el estrato social al que pertenecían: mientras que las clases más bajas hablaban en valenciano, aquellos que querían aparentar un estatus un poco más elevado utilizaban el castellano, aunque con numerosos errores y «valencianismos». Por medio de la sátira y la ironía, se representaba también la polarización entre los grupos acomodados (propietarios tradicionales y burguesía) y la gente común. La publicación mostraba situaciones cotidianas que describían escenas familiares de personas, cafés, casinos y casas. El humor se utilizaba como vehículo para llamar la atención frente a la tensa situación que se vivía en una época de transición entre el mundo rural y la nueva sociedad urbana. La Donsayna era una publicación semanal. Aquí se presentan los 13 ejemplares que aparecieron entre el 1 de diciembre de 1844 y el 23 de febrero de 1845.