17 de enero de 2017

Historia de la cuestión oriental

En preparación para la conferencia de paz que tendría lugar después de la Primera Guerra Mundial, en la primavera de 1917, el Ministerio de Relaciones Exteriores británico creó un departamento especial responsable de proporcionar información de base para los representantes británicos en la conferencia. Historia de la cuestión oriental es el número 15 de una serie de más de 160 estudios realizados por el departamento, de los cuales la mayor parte fue publicada tras la conclusión de la Conferencia de Paz de París que tuvo lugar en 1919. Tal como se analiza en esta obra, «la cuestión oriental» hace referencia a tres acontecimientos importantes: la decadencia del Imperio turco a partir del siglo XVIII; las posteriores invasiones por parte de Rusia y Austria de las tierras turcas en Europa y las reacciones que provocaron en otras potencias europeas, y el surgimiento del nacionalismo en los territorios gobernados por los turcos «y de su anhelo de deshacerse del yugo turco y de alcanzar la independencia, si se daba la ocasión». El libro consta de cuatro partes. La primera es una historia general que relata brevemente la fundación de las naciones balcánicas en tiempos antiguos y bizantinos y que, además, analiza la presencia de los turcos en Europa, el avance de Rusia, el surgimiento de Estados independientes, Bulgaria y Macedonia, la revolución turca de 1908 y los eventos que le sucedieron. La segunda parte es un conjunto de observaciones generales sobre la opinión popular y el sentimiento nacional en Albania, Bulgaria, Grecia, Macedonia, Montenegro, Serbia, Rumanía y Turquía, seguido de un análisis sobre las futuras posibilidades de paz y reconciliación en los Balcanes. La tercera sección del estudio aborda en detalle los aspectos históricos y jurídicos en torno a la cuestión de los estrechos, es decir, el régimen jurídico que regía los derechos de tránsito de Turquía, de otros Estados litorales al mar Negro y de los Estados sin mar, ya sea en los buques mercantes o de guerra que, a través del Bósforo y los Dardanelos, conectaban el mar Negro con el Mediterráneo. La última parte trata sobre la cuestión del Danubio, es decir, los regímenes jurídicos que gobernaban la navegación y el comercio internacional del río, dado que nacía en territorio austro-húngaro, pero atravesaba varios Estados hasta llegar al mar Negro. El apéndice contiene los textos de los pasajes sobre la cuestión oriental que aparecen en los tratados más importantes celebrados entre 1774 y 1913. Un cuadro desplegable, destinado a explicar el mapa histórico, resume los tratados firmados entre 1812 y 1918 que afectaron las fronteras internacionales en los Balcanes.

El Congreso de Viena, 1814-1815

En preparación para la conferencia de paz que tendría lugar después de la Primera Guerra Mundial, en la primavera de 1917, el Ministerio de Relaciones Exteriores británico creó un departamento especial responsable de proporcionar información de base para los representantes británicos en la conferencia. El Congreso de Viena, 1814-1815 es el número 153 de una serie de más de 160 estudios realizados por el departamento, de los cuales la mayor parte fue publicada tras la conclusión de la Conferencia de Paz de París que tuvo lugar en 1919. El autor del estudio, Charles Webster (1886-1961), fue un joven historiador y funcionario de una sección del departamento de inteligencia del Estado Mayor de la Oficina de Guerra que había sido adscrito al Ministerio de Relaciones Exteriores, donde brindó asesoramiento sobre las negociaciones de paz de la posguerra y produjo un manual sobre el Congreso de Viena. Durante su labor académica previa a la guerra, en Cambridge, Webster se había especializado en la historia diplomática del siglo XIX. En la introducción, Webster dice que su objetivo es describir con cierto detalle las negociaciones de 1814 y 1815. «Gracias a varios tratados que se firmaron en París y Viena en los últimos años, se volvieron a trazar las fronteras de casi todos los países de Europa y se reasignaron las posesiones de ultramar de las potencias continentales. El despotismo militar de Napoleón había transformado a Europa por completo y las colonias francesas, neerlandesas y danesas habían sido conquistadas por Gran Bretaña. Por lo tanto, la destrucción del Imperio napoleónico precisaba tanto de la construcción de una nueva Europa como de una redistribución del poder colonial; el paralelismo entre los problemas de esa época y los de la actualidad es, en algunos aspectos, extremadamente similar». El libro consta de cuatro partes, que tratan sobre la preparación, la organización, el desarrollo y la culminación del congreso. Los apéndices contienen textos de varios documentos importantes, que se reproducen de los archivos sobre la organización y la puesta en escena del congreso. Un mapa desplegable muestra los Estados europeos y compara las fronteras de 1792 con aquellas de 1815. La obra de Webster, que más tarde publicó Oxford University Press, se convirtió en un clásico. Junto con sus otras obras, recuperó con eficacia la reputación de lord Castlereagh como una de las figuras prominentes de la política exterior británica y tuvo gran influencia en otros eruditos y diplomáticos, como Henry A. Kissinger, exprofesor de la Universidad de Harvard y secretario de Estado.

La Biblia de la lata de galletas

Ekitabo ekitukuvu ekya Katonda, kyebayita Baibuli ye Ndagano enkade nempya ekyakyusibwa mu Luganda (El sagrado libro de Dios, llamado la Biblia del Antiguo y del Nuevo Testamento, traducido al luganda), también conocida como la «Biblia de la lata de galletas», es la primera traducción de la Biblia al luganda, el idioma de los bagandas, el principal grupo étnico de lo que hoy es Uganda. La traducción se hizo en Buganda gracias a los esfuerzos conjuntos de los misioneros de la Sociedad Misionera Eclesiástica de Inglaterra y a los bagandas recién convertidos al cristianismo. Los misioneros británicos comenzaron a llegar a Uganda hacia fines del siglo XIX, con el objetivo de convertir a la población al cristianismo. Deseosos de que los bagandas pudieran leer la Biblia en su propio idioma, mandaron a hacer la traducción a partir de una versión en suajili; el proceso duró seis años, hasta 1896. Los primeros libros en traducirse fueron los cuatro Evangelios, que el entonces director de la misión protestante en Buganda, el reverendo Alexander Mackay, y sus bagandas convertidos completaron en 1890. El reverendo R. D. Ashe, colega de Mackay, mandó a imprimir el Evangelio de Juan en Inglaterra en 1891. A George William Pilkington, un misionero protestante irlandés que había llegado a Buganda en 1891, se le dio la tarea de terminar la traducción. Pilkington era un ávido lingüista que había aprendido bastante luganda durante el prolongado viaje desde la costa del océano Índico hasta Uganda. En Buganda, 17 hombres y 14 mujeres trabajaron en las traducciones durante 1891. Pilkington y Henry Wright Dutamaguzi (Duta), un muganda, tradujeron los Hechos, las Epístolas de san Pablo y el libro del Apocalipsis. Los Hechos se publicaron en Gran Bretaña en 1892. También se publicó una edición que combinaba los Evangelios y los Hechos en un solo volumen. Hacia 1893, ya existía una versión del Nuevo Testamento en luganda en un solo volumen. Entretanto, Pilkington y Duta habían comenzado a trabajar en el Antiguo Testamento. El Éxodo y Josué fueron los primeros libros que se publicaron, en 1893, seguidos por el Génesis, los Salmos y Daniel en 1894. En 1896 se publicaron los primeros cinco libros del Antiguo Testamento en un solo volumen. Pilkington terminó de traducir los libros restantes del Antiguo Testamento, a excepción de aquellos de los profetas menores, cuya traducción estuvo a cargo del reverendo William Arthur Crabtree. Habiendo terminado estos libros, la Biblia completa había sido traducida al luganda. Dice la leyenda que la obra, que tenía tres pulgadas de ancho y tres pulgadas de espesor, se había ganado el apelativo de «Biblia de la lata de galletas» porque su tamaño coincidía con el de la lata de galletas Huntley & Palmers (tres pulgadas = 7,6 centímetros). En realidad, la Biblia tenía esas dimensiones porque había sido impresa en un tamaño que permitía que los bagandas la transportaran fácilmente en sus bolsas de tela. La numeración de las páginas refleja la rápida tarea de traducción de las partes de la Biblia, a cargo de personas diferentes. Los libros entre el Génesis y II Samuel están numerados de la página 3 a la página 720; les siguen los que están entre I Reyes y el Cantar de los Cantares, con numeraciones separadas de la página 1 a la 709; los libros entre Isaías y Malaquías van de la página 1 a la 509. Las páginas del Nuevo Testamento aparecen numeradas del 3 al 623. Al imprimir la Biblia completa, la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera decidió conservar el tamaño original. Esto hizo que la versión final fuera gruesa, en forma de bloque. Se produjeron copias especiales para los reyes de Uganda: Kabaka Mwanga de Buganda, el Omukama Kabalega de Bunyoro y el Omukama de Toro. El Museo Nacional de Uganda en Kampala conserva una copia de esta primera versión de la Biblia en luganda.

Bocetos de Afganistán

James Atkinson (1780-1852) fue un hombre muy talentoso, reconocido principalmente por sus primeras traducciones al inglés de poesía y prosa en persa. Nació en Inglaterra y estudió medicina en Londres y en Edimburgo. En 1805, fue nombrado cirujano asistente en el servicio de Bengala y pasó la mayor parte del resto de su vida en la India. En su tiempo libre, aprendió persa y, hacia 1814, ya había publicado la traducción de una parte del Shahnamah (Libro de los reyes), de Firdawsī: esta fue la primera vez que una audiencia de habla inglesa tuvo acceso a una epopeya persa. En 1838, Atkinson fue nombrado jefe de cirugía del Ejército del Indo y, como tal, acompañó a las tropas en su marcha a Kabul durante la primera guerra anglo-afgana (1839-1842). Dejó Afganistán en 1841 para regresar a la India. Al año siguiente, publicó un relato de primera mano sobre la guerra titulado Expedición a Afganistán: notas y bocetos que describen al país. Atkinson también fue un talentoso artista, y muchas de sus obras se conservan hoy en la Galería Nacional de Retratos de Londres. Bocetos de Afganistán es un libro de litografías basado en dibujos que Atkinson hizo en Afganistán. Publicada el mismo año que Expedición a Afganistán, la obra contiene 25 bocetos de escenas de Kabul, paisajes montañosos y sucesos significativos de la guerra.

La brillante proeza de la compañía de infantería de Noshido: la destrucción del ferrocarril mediante el ataque a la retaguardia enemiga

En esta litografía, las fuerzas japonesas que luchaban en la Guerra Civil rusa atacan un vagón del tren durante un enfrentamiento en el área circundante al ferrocarril Transiberiano. El Ejército Imperial japonés luchó contra los bolcheviques en dos frentes: en el área comprendida entre Vladivostok y Jabárovsk y en la que se extiende entre Vladivostok y Chitá, atravesando Manchuria, a lo largo del ferrocarril Transmanchuriano. En ambos frentes, las tropas niponas y sus aliados se ocuparon de evitar que las líneas ferroviarias cayeran en manos de los bolcheviques. Entre agosto de 1918 y octubre de 1922, el Ejército Imperial japonés participó de la «intervención en Siberia», un intento de las potencias aliadas de la Primera Guerra Mundial de apoyar a las fuerzas del Ejército Blanco en su lucha contra los bolcheviques durante la Guerra Civil rusa (1917-1922). La intervención, que comenzó en agosto de 1918, contó con la participación de soldados de nueve países. Los Estados Unidos y el Reino Unido retiraron sus tropas en 1920, pero el Ejército japonés permaneció en el extremo oriental ruso y en Siberia durante otros dos años. Más de 70 000 tropas japonesas participaron del combate. En 1919, con el objeto de apoyar la iniciativa de las fuerzas niponas, la editorial Shōbidō y compañía, con sede en Tokio, produjo una serie de impresiones litográficas de corte patriótico. Las ilustraciones eran variadas y representaban escenas de una campaña titulada «Imágenes de la guerra siberiana».

En medio de la persecución y el ataque a sus enemigos, la caballería japonesa toma posesión de Jabárovsk

El 5 de septiembre de 1918, durante la Guerra Civil rusa, las fuerzas aliadas japonesas y el Ejército Blanco ruso capturaron la ciudad de Jabárovsk. Si bien la toma real de la ciudad fue relativamente pacífica, esta litografía muestra a la caballería japonesa en una lucha feroz, en medio de un paisaje dominado por el icónico puente ferroviario sobre el río Amur. El 5 de abril de 1920, en un enfrentamiento posterior entre los bolcheviques y las tropas niponas, se destruyeron dos de los 18 tramos del puente, y, durante cinco años, quedó interrumpido en la mitad el recorrido del tren Transiberiano hasta que el puente fue reparado. Entre agosto de 1918 y octubre de 1922, el Ejército Imperial japonés participó de la «intervención en Siberia», un intento de las potencias aliadas de la Primera Guerra Mundial de apoyar a las fuerzas del Ejército Blanco en su lucha contra los bolcheviques durante la Guerra Civil rusa (1917-1922). La intervención, que comenzó en agosto de 1918, contó con la participación de soldados de nueve países. Los Estados Unidos y el Reino Unido retiraron sus tropas en 1920, pero el Ejército japonés permaneció en el extremo oriental ruso y en Siberia durante otros dos años. Más de 70 000 tropas japonesas participaron del combate. En 1919, con el objeto de apoyar la iniciativa de las fuerzas niponas, la editorial Shōbidō y compañía, con sede en Tokio, produjo una serie de impresiones litográficas de corte patriótico. Las ilustraciones eran variadas y representaban escenas de una campaña titulada «Imágenes de la guerra siberiana».