Trieste

Este afiche de cine fue realizado por el artista italiano Tito Corbella (nacido en Pontremoli en 1885, fallecido en Roma en 1966), conocido principalmente por haber diseñado postales con mujeres atractivas. También produjo ilustraciones y afiches de cine, como el que se presenta aquí. En él, se observa a una mujer con un vestido rojo adornado con lirios blancos, que se encuentra de rodillas con los brazos extendidos y cadenas en las muñecas. La mujer simboliza a la ciudad de Trieste, que históricamente fue parte del Imperio austro-húngaro y que, durante la Primera Guerra Mundial, constituyó su principal salida al mar. El movimiento irredentista italiano había estado haciendo campaña para anexar la ciudad desde, por lo menos, las dos últimas décadas del siglo XIX. Al final de la guerra, en noviembre de 1918, el Ejército Real italiano entró en Trieste, aplaudido por el sector de la población que apoyaba la causa italiana. El Ejército declaró la toma de la ciudad y estableció un toque de queda. El hecho de que Italia anexara Trieste y la vecina región de Venecia Julia era políticamente inevitable. Sin embargo, el incipiente Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos se opuso, ya que también quería quedarse con la ciudad y su zona de influencia. El Tratado de Rapallo de 1920 determinó que el estado de Trieste era una ciudad italiana. Esta incorporación perjudicó la relación entre italianos y eslovenos, que, a veces, terminaron enfrentándose en combates armados.

Los autores de la catástrofe europea frente a la civilización

Este cartel, publicado en Florencia alrededor de 1915, retrata a dos mujeres que simbolizan la Civilización y la Historia. Maldicen a los gobernantes de Alemania, Austria-Hungría, Bulgaria y el Imperio otomano (Guillermo II, Francisco José I, Fernando I y Mehmed V, respectivamente) y los señalan como los responsables de la Primera Guerra Mundial. Los gobernantes parecen marchitarse ante la mirada de las mujeres. En el fondo, hay soldados que yacen muertos en el campo de batalla y una ciudad en llamas. El epígrafe debajo de la imagen dice en tono enérgico: «Sobre las ruinas, fruto de la locura de un viejo tirano / Desde el osario humano, anhelo de un ser prepotente y ambicioso / Alto se eleva la maldición eterna contra los cuatro verdugos de la humanidad / Grito de madres e hijos / Llanto de viudas y huérfanos / La invocada victoria de los defensores de la Libertad ha llegado / La Justicia triunfa / La Historia registra los nombres de los bárbaros y los maldice para la posteridad».

Pobres versos satíricos (para entonar en días lluviosos apretándose la nariz con los dedos)

Aquí se presenta un dibujo satírico de un bote llamado Quistione Italiana (Cuestión italiana) que navega en el «Mar de la Conferencia» y transporta al primer ministro italiano Vittorio Emanuele Orlando, al primer ministro británico David Lloyd George, al presidente Woodrow Wilson de los Estados Unidos y al primer ministro francés Georges Clemenceau, las cuatro grandes figuras de la Conferencia de Paz de París de 1919. Orlando está al timón y ruega a los otros que despierten. En el mástil se ve al grumete, como símbolo a los «tontos eslavos», que apunta a Fiume, el puerto del Adriático reivindicado tanto por Italia como por el incipiente Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. Debajo de la imagen aparece la letra de una canción de cuna: «Había una vez una pequeña nave / Había una vez una pequeña nave / Había una vez una pequeña nave / Que no podía, no podía navegar más. / Pasaron 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 semanas… / Pasaron 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14 semanas... / Pasaron 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21 semanas... / El propio mar comenzó a... secarse». Debajo de la canción, hay una nota que sugiere que se repitan los versos a voluntad, según la resistencia del cantante, que siempre debe cantarlos apretándose la nariz. El afiche y la letra de la canción reflejan la frustración y la indignación nacional que se sintió en Italia en la primavera de 1919, cuando se hizo evidente que no se cumplirían las expectativas de ganar territorio a lo largo del Adriático como recompensa por los sacrificios hechos en la Primera Guerra Mundial. Esta situación fue aprovechada por los movimientos nacionalistas italianos, cada vez más populares, que hablaban de una «victoria mutilada». Finalmente, el descontento culminó con la toma de Fiume, el 12 de septiembre de 1919, a manos de una fuerza de soldados irregulares italianos dirigidos por el escritor nacionalista Gabriele D'Annunzio (1863-1938).

Firme como un legionario romano

Esta ilustración en acuarela retrata a un legionario romano armado que sostiene un estandarte con los colores de la bandera italiana mientras se enfrenta a un bárbaro alemán, que usa un casco alado. La imagen sugiere abiertamente un paralelo entre los italianos que luchaban contra los alemanes durante la Primera Guerra Mundial y las legiones de la antigua Roma, que combatieron contra las tribus bárbaras alemanas en la época de Julio César. La insignia lleva las letras «S. P. Q. R.» (Senatus Populusque Romanus, es decir, el Senado y el pueblo de Roma), el lema de la antigua Roma que estaba estampado en los estandartes de las legiones romanas. Italia entró en la Gran Guerra en 1915 para sumarse al bando de los aliados, Francia y Gran Bretaña, y luchó principalmente contra el Imperio austro-húngaro, que contaba con el apoyo de la Alemania imperial, la otra gran potencia germánica de Europa.

¡Es imposible que todos podamos bañarnos aquí!

Esta acuarela satírica, realizada por el artista italiano Raffaello Jonni, forma parte de una serie de 79 dibujos originales del pintor que se conservan en la Biblioteca Alejandrina en Roma. Muestra a soldados de cuatro países con intereses en el mar Adriático, todos de pie en torno a una pequeña jofaina con agua y una etiqueta que indica «Adriático». Debajo de la representación, un epígrafe dice: «¡Es imposible que todos podamos bañarnos aquí!». La imagen y las palabras aluden a las rivalidades entre Italia; el incipiente Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos; Albania y Grecia por el dominio de las regiones que rodean al Adriático. La cuestión adriática fue uno de los problemas más acuciantes que debieron tratarse en la Conferencia de Paz de París, después de la Primera Guerra Mundial. La disputa surgió en torno al destino de los territorios ubicados a lo largo de la costa oriental del mar Adriático, que anteriormente habían pertenecido a Austria-Hungría y que Italia buscaba anexar tras la derrota del imperio al final de la guerra.

Naturalmente, hacen falta ocho manos para lidiar con un otomano

Esta acuarela satírica, realizada por el artista italiano Raffaello Jonni, forma parte de una serie de 79 dibujos originales del pintor que se conservan en la Biblioteca Alejandrina en Roma. Retrata a un turco con ocho manos, que es atacado por cuatro soldados: un ruso, un inglés, un francés y un italiano. Durante la Primera Guerra Mundial, el Imperio ruso, el Reino Unido, la República Francesa y el Reino de Italia se aliaron en contra de una coalición que incluía al Imperio alemán, al Imperio austro-húngaro, al Reino de Bulgaria y al Imperio otomano. Los soldados otomanos patean al turco. La ilustración juega con el vocablo italiano ottomano, que suena similar a otto mani, u ocho manos.

¡Dios mío! ¡Me habían dicho que la mansión no estaba vigilada!

Esta acuarela satírica, realizada por el artista italiano Raffaello Jonni, forma parte de una serie de 79 dibujos originales del pintor que se conservan en la Biblioteca Alejandrina en Roma. Retrata a Francisco José I (1830-1916), el anciano emperador de Austria-Hungría, como si fuera un ladrón en las puertas de una mansión con un cartel que dice «Villa Italia». Un perro guardián le muerde una pierna, al tiempo que el emperador exclama, en una combinación de alemán e italiano: «¡Dios mío!... ¡Me habían dicho que la mansión no estaba vigilada!». Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, Italia adoptó una postura neutral y se mantuvo al margen durante algún tiempo para ver cómo avanzaba el conflicto. Después de haber terminado con la Triple Alianza que la había unido a Austria y a Alemania durante 30 años, Italia hizo negociaciones secretas con la Triple Entente (Francia, el Reino Unido y el Imperio ruso) por medio del Tratado de Londres firmado el 26 de abril de 1915. El 23 de mayo de ese año, ingresó al conflicto para sumarse al bando de la Entente y le declaró la guerra al Imperio austro-húngaro.

¡No! ¡Esta no!

Esta acuarela satírica, realizada por el artista italiano Raffaello Jonni, forma parte de una serie de 79 dibujos originales del pintor que se conservan en la Biblioteca Alejandrina en Roma. Muestra una mano tratando de apoderarse de una caja fuerte que dice «Trieste». Quien la lleva es Francisco José I (1830-1916), el anciano emperador de Austria-Hungría. La mano simboliza a una Italia poderosa que está tratando de anexar a Trieste, que históricamente fue parte del Imperio austro-húngaro y que, durante la Primera Guerra Mundial, constituyó su principal salida al mar. El movimiento irredentista italiano había estado haciendo campaña para anexar la ciudad desde, por lo menos, las dos últimas décadas del siglo XIX. La caída del Imperio austro-húngaro al final de la guerra dejó resuelta la disputa con Italia por el control de la ciudad, pero originó tensiones con el incipiente Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que incluía parte del antiguo Imperio austro-húngaro y sostenía sus reivindicaciones territoriales. Al final de la guerra, en noviembre de 1918, el Ejército Real italiano entró en Trieste, aplaudido por el sector de la población que apoyaba la causa italiana. El Tratado de Rapallo de 1920 determinó que el estado de Trieste era una ciudad italiana. Esta incorporación perjudicó la relación entre italianos y eslovenos, que, a veces, terminaron enfrentándose en combates armados.