18 de agosto de 2014

Astrolabio náutico de placa

Se cree que este astrolabio náutico es uno de los más antiguos en existencia, y data de alrededor de 1500-1520. A diferencia de otros astrolabios náuticos, cuya madre (elemento circular graduado) está calada, el inusual carácter macizo y compacto de esta pieza solo lo hace comparable con los astrolabios de Diogo Ribeiro (fallecido en 1533), cartógrafo e inventor portugués que pasó la mayor parte de su vida en España. El propósito de los astrolabios náuticos era medir la altura del Sol o de una estrella por encima del horizonte. Los navegantes podían determinar la latitud de un barco si sabían la distancia en relación con el ecuador celeste del Sol, la estrella polar u otra estrella. Este instrumento está realizado en bronce grueso y pesado. Si se lo colgaba de un trípode o con una plomada pendiente del eje, su peso lo mantenía en posición vertical, independientemente del movimiento del barco en condiciones de mar agitado o mal tiempo. Las marcas graduadas ayudaban a mantenerlo firme. La guía móvil de la cara apuntaba al cuerpo celeste cuya altura tenía que medir, y la marca de cero grados coincidía con el horizonte. Este astrolabio se conserva en las colecciones del Museo Casa de Colón, en Gran Canaria.

Panel central de la Cueva Pintada de Gáldar

La Cueva Pintada de Gáldar se encuentra en el noroeste de la Gran Canaria, Canarias, España. Forma parte de un complejo de cuevas prehispánicas que fueron redescubiertas en 1862. Las excavaciones arqueológicas se realizaron entre 1987 y 2005. Las cuevas están excavadas en la toba volcánica y dispuestas en torno a un patio central. Aunque las primeras fechas de ocupación del asentamiento se sitúan en el siglo VI, por comparación con la serie de fechas radiocarbónicas obtenidas para el yacimiento, parece que el complejo adquirió su aspecto actual con posterioridad al siglo XII. El sistema de cuevas fue creado por los Aborígenes canarios, los habitantes originales de Gran Canaria, y sus funciones pueden haber cambiado con el tiempo. En el momento del descubrimiento se hallaron momias, cerámicas y otros objetos arqueológicos. Es probable que haya servido como espacio doméstico y como centro donde tenían lugar determinados rituales para honrar a los ancestros en una sociedad fuertemente jerarquizada. Aunque decorar las paredes era algo habitual en las culturas autóctonas de la isla, el friso polícromo de la Cueva Pintada es, sin duda, el mejor y más complejo ejemplo de pintura mural indígena de Gran Canaria. Los elementos decorativos geométricos del panel central se ordenan formando una composición simétrica a partir del eje central y alternando triángulos, cuadrados, ángulos superpuestos y círculos concéntricos. La realización de estas pinturas murales requería una técnica depurada. En primer lugar, se preparó la pared para disponer de una superficie homogénea, regularizando las fisuras y enluciendo la piedra con un preparado de arcilla. Las materias colorantes utilizadas de origen mineral (almagres para el rojo y finas arcillas blanquecinas para el blanco) se molieron y se mezclaron con agua para facilitar su aplicación. Las partes negras del panel se deben al oscurecimiento natural de la propia toba. El ritmo y la simetría excepcionales de este panel sugieren que, si, en verdad, se trata de un ámbito ritual, pueden tratarse de auténticos ideogramas. Es posible que sean parte de un sistema de medición y cálculo del tiempo, o de un elaborado calendario lunar y solar, basado en la combinación de series organizadas a partir del número 12 y en la alternancia del rojo, el blanco y los espacios sin pintar. El Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada está encargado del mantenimiento de la cueva. Fotografía tomada por Javier Betancor.

Ídolo prehispánico

Aquí se presentan tres cortes de los restos de una figura humana sentada de terracota con una marcada estilización. La figura se descubrió en el complejo de la Cueva Pintada en Gáldar, noroeste de la Gran Canaria, Canarias, España; a unos 100 km al oeste de Marruecos. El complejo estuvo habitado, antes de la conquista castellana de Canarias en el siglo XV, por los guanches, un pueblo indígena. Si bien a esta figura le falta la cabeza, otros ejemplos de cerámica guanche son figuras con cabeza, que consiste en una simple prolongación de un largo cuello y está desprovista de rasgos faciales. Los brazos se reducen a dos muñones. Las piernas, cruzadas, se adelantan formando un anillo. La pieza, bruñida, está totalmente pintada de rojo. Se encontró en los sedimentos durante la intervención arqueológica llevada a cabo en el complejo de cuevas en 1970. Entre estas figuras de terracota predomina la representación antropomorfa y curva de la figura femenina, que ofrece un marcado contraste con los murales geométricos de las cuevas de esta sociedad. Aunque es difícil esclarecer la función que se otorgaba a estos «ídolos» en la sociedad prehispánica grancanaria, se da por sentado que tenían un propósito religioso. Su apariencia y excepcionalidad permiten plantear su posible relación con prácticas rituales vinculadas a la fertilidad o a la perpetuación de un orden social fuertemente jerarquizado. Tampoco puede ser descartado el carácter apotropaico de estas terracotas, que quizás invocaban la protección y amparo ante los posibles influjos malignos. Esta pieza pertenece a las colecciones del Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada.

Risco

José Jorge Oramas (1911−1935) fue un artista de Gran Canaria, una de las islas Canarias españolas. Oramas murió joven a causa de la tuberculosis, y solo sobreviven 70 de sus pinturas. La mayoría son representaciones de paisajes canarios y están llenas de luz transmitida a través de colores vivos y una claridad intensa. Risco es un ejemplo típico. Los naranjas, blancos y azules imparten dinamismo a esta simple composición horizontal. Los troncos de palma marcadamente perpendiculares, que unen la tierra y el cielo, suman a la sensación de espacio y perspectiva. La vegetación de Gran Canaria de cactus y palmeras, los contornos angulares de los edificios locales, el mar y el cielo, y los habitantes de la isla son motivos recurrentes en la pintura de Oramas. También representó las áreas privilegiadas de Las Palmas, como Tirajana, Tafira y Marzagán y, casi al final de su vida, los acantilados de San Nicolás y San Roque que se veían desde su habitación del hospital. Oramas perteneció a una generación de artistas canarios de la escuela Luján Pérez, entre los que estaban Rafael Clarés, Juan Márquez, Santiago Santana, Felo Monzón y Juan Ismael. Las obras de estos pintores se caracterizaban por su indigenismo (nativismo, es decir, las formas prehispánicas) y el realismo mágico descrito por el crítico de arte alemán Franz Roth. Entre comienzos y mediados de la década de 1930, este grupo de artistas también se vio influenciado por el teórico del arte español Eduardo Westerdahl, editor de Gaceta de arte. Esta pintura se conserva en las colecciones del Centro Atlántico de Arte Moderno, en Gran Canaria.

Cuadro 111

Manolo Millares fue un artista autodidacta nacido en 1926 en Las Palmas, Gran Canaria, Canarias, España. Aquí se muestra su Cuadro 111 producido después de 1960, una obra abstracta en tonos sorprendentemente vivos de verde, púrpura y negro. Millares fue influenciado por el surrealismo de la década de 1940 y atraído por las obras de Klee y Miró. En ese período comenzó a hacer pictogramas abstractos inspirados por los guanches, los indígenas canarios y la cultura prehispánica de las islas. Fue cofundador de la publicación Planas de Poesía. A mediados de la década de 1950, se trasladó a Madrid y comenzó a hacer cuadros con arpillera, madera, arena, yeso, cuerdas y otros materiales que encontraba, en constante experimentación con nuevos medios. Con su tratamiento inusual de la arpillera y el yute, que quemaba, rasgaba y cosía, daba a sus cuadros una dimensión escultórica. Millares expuso su obra en la Bienal de Venecia de 1956. Al año siguiente, con otros pintores, como Rafael Canogar, Luis Feito, Juana Francés, Antonio Suárez y Antonio Saura, cofundó el grupo de vanguardia El Paso con el objetivo de alcanzar un nuevo estado mental en el mundo del arte español. Manolo Millares murió en Madrid en 1972. Esta pieza se conserva en las colecciones del Centro Atlántico de Arte Moderno, en Gran Canaria.

Smocking room: cuentos de los ingleses de la colonia en Canarias

Rafael Romero Quesada, más conocido por su seudónimo, Alonso Quesada (1886−1925), fue un importante poeta modernista que vivió en Gran Canaria, Canarias, España. También fue un traductor y crítico literario que exploró muchas formas de escritura creativa, entre ellas la ficción, el teatro y el periodismo. Aquí se muestra Smocking room: cuentos de los ingleses de la colonia en Canarias. La obra tiene partes manuscritas y otras escritas a máquina. Es una colección de diez cuentos (en fase de borrador y diversos grados de corrección), en la que el diálogo es el principal vehículo para la narración. El volumen también incluye recortes de prensa de la publicación de algunos de los relatos en Barcelona en 1918-1921. En todas sus creaciones literarias, Quesada manifestó su inquietud intelectual, su amargura existencial y su profunda ironía. Fue amigo cercano y contemporáneo de los poetas canarios Tomás Morales y Saulo Torón. Estos poemas tonales, con muchas observaciones, sobre la comunidad británica en Canarias ofrecen encanto tranquilo y lirismo. La prosa de Quesada pinta una imagen sutil pero satírica de la comunidad insular de expatriados que construye un fragmento de la vida inglesa en suelo extranjero. Subyace en esta obra una corriente de comprensión de las dificultades y la pobreza de su época. Entre 1915 y 1922, se publicaron tres colecciones de su poesía. Gran parte de la producción de Alonso Quesada no se había publicado al momento de su muerte (de joven y enfermo de tuberculosis), incluso Los caminos dispersos, que acababa de ser nominada para el Premio Nacional de Literatura de España. Este volumen pertenece a las colecciones de la Biblioteca Insular de Gran Canaria.