17 de octubre de 2014

Ataúdes apilados junto a la orilla de un canal después del huracán de 1928, Belle Glade, Florida

Apenas dos días antes del segundo aniversario del huracán Gran Miami, que causó estragos en el sur de la Florida, otra poderosa tormenta azotó el estado. El huracán, de categoría 4, causó al menos 1500 muertes en el Caribe antes de tocar tierra en el condado de Palm Beach el 16 de septiembre de 1928. La tormenta provocó lo que se estima que fueron unos 25 millones de dólares en daños a lo largo de la costa atlántica de la Florida, desde Fort Pierce hasta Boca Ratón. Sin embargo, el mayor daño se produjo en el interior, especialmente a lo largo de la orilla sur del lago Okeechobee. A medida que el huracán cruzaba el lago grande pero poco profundo, intensos vientos arrastraban una ola que castigaba las precarias comunidades agrícolas. El impacto de la tormenta fue tan devastador en esta región en particular que recibió el nombre de huracán Okeechobee (también llamado San Felipe II). En gran parte, la destrucción puede atribuirse al drenaje de los Everglades y sus efectos. En las décadas anteriores a la tormenta, el estado de Florida había drenado miles de acres de pantanos en el norte de los Everglades. Sobre la tierra recuperada, se habían establecido operaciones agrícolas comerciales a las que llegaban camiones llenos de mano de obra migratoria dispuesta a trabajar en las granjas. El auge agrícola estuvo acompañado de casas y edificios construidos de forma precaria. Estas deficiencias quedaron expuestas durante el huracán de 1928. El cálculo de la pérdida de vidas en la región del lago Okeechobee varía entre las 1800 y 3500 personas; tan solo en el cementerio de Puerto Mayaca hay, al menos, 1600 cuerpos enterrados. Debido a la lejanía de la zona devastada y al alcance de la destrucción, nunca se sabrá la cantidad real de víctimas. Tras recorrer la región después del huracán, el presidente Herbert Hoover inició un proyecto para construir un enorme dique que rodeara la mitad inferior del lago Okeechobee. El resultado fue el dique Herbert Hoover, que mide 85 millas (136,79 km) de largo y 36 pies (10,97 m) de altura. El dique resistió durante los subsecuentes huracanes de la década de 1940.

Tarjeta de servicio de la Primera Guerra Mundial de Marjory Stoneman Douglas

Marjory Stoneman Douglas, más conocida como ambientalista y autora de El río de hierba (1947), prestó servicio en la Marina de los Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial, desde abril de 1917 hasta mayo de 1918. Frank Bryant Stoneman, el padre de Marjory y editor en jefe del Miami Herald, envió a su hija a cubrir la historia de la primera mujer del área de Miami en alistarse en las Fuerzas Armadas durante la Primera Guerra Mundial. Pero resultó que ella fue la primera en llegar a la oficina de reclutamiento, y se convirtió en la mujer sobre la que debía escribir el artículo. Más tarde, se unió a la Cruz Roja. Una vez que finalizó la guerra, viajó por Europa. Al regresar a los Estados Unidos, se convirtió en una autora consumada y en una incansable defensora de la protección del medio ambiente. Marjory Stoneman Douglas murió en 1998 a los 108 años. Aquí se presenta la tarjeta de servicio de Douglas de la Primera Guerra Mundial. Indica que sirvió durante 319 días en el rango de soldado de caballería de primera clase, tras lo cual fue ascendida a soldado de caballería en jefe, puesto con el que fue dada de baja del servicio militar.

Paseo por Wakulla Springs en un bote con fondo de vidrio. Cántico interpretado por Luke Smith

Esta es una grabación de sonido de un cántico interpretado por Luke Smith durante el festival folclórico de Florida en White Springs, Florida, en 1981. Smith, guía veterano del río Wakulla, canta sobre el ecosistema subacuático y convoca a los peces al bote. Su canción recuerda a los cánticos religiosos y a los gritos de campo afroamericanos, comunes en toda la región del Sur Profundo de los Estados Unidos. Los caimanes, las serpientes, las aves raras y el exotismo nativo forman parte de la industria turística de Florida. Las excursiones con relato en vivo, realizadas a bordo de embarcaciones en sitios como el parque estatal de Wakulla Springs (ubicado en el manantial al sur de Tallahassee que da origen al río Wakulla), ofrecen a los visitantes la oportunidad de experimentar todo esto y más bajo la dirección de guías expertos. Este tipo de excursión ha sido parte de las atracciones de Florida durante muchos años en Wakulla Springs, Silver Springs, Homosassa Springs y Rainbow Springs, entre otros lugares. Desde finales de 1800, los guías de Wakulla Springs han relatado cuentos populares y descrito la flora y fauna del lugar a los pasajeros de sus botes de remo mientras recorren el curso del río. En la década de 1930, el empresario Edward Ball construyó un albergue en Wakulla Springs. A medida que Wakulla Springs se consolidaba como destino atractivo para turistas y cineastas, los guías fueron recibiendo embarcaciones más grandes y empleo regular. Hasta hace pocos años, los descendientes de los primeros barqueros de Wakulla Springs siguieron los pasos de sus antepasados: sus cantos, bromas y cuentos se han transmitido de generación en generación.

Las aguas del destino

El drenaje sistemático de los Everglades (pantanos) de Florida comenzó seriamente en 1905. Napoleon Bonaparte Broward, entonces gobernador de Florida, comprometió significativos fondos estatales y solicitó ayuda federal con el fin de reconquistar los vastos pantanos al sur del lago Okeechobee de su subutilización. El objetivo final de recuperar los Everglades era acceder a un suelo rico en «fango», cubierto en muchas áreas por una fina capa de agua dulce. El suelo de fango estaba formado por la acumulación, en el transcurso de miles de años, de materia orgánica sobre un lecho de roca caliza. El fango funcionó como capa superficial lista y productiva, pero se agotó rápidamente cuando se lo sometió a la agricultura intensiva. Además, cuando se secaba a causa del calor intenso del sol de Florida, podía incendiarse. El cultivo excesivo combinado con el fuego redujo en gran medida la extensión de suelo con fango en las décadas posteriores al comienzo del drenaje. Una vez que el fango desapareció, las operaciones de cultivo comercial a gran escala dependieron en gran medida de fertilizantes que contaminaron el medio ambiente. Además, el drenaje que se necesitaba para exponer el fango alteró significativamente el paisaje y la ecología del sur de Florida. Los canales disminuyeron el nivel freático e inhibieron el flujo natural de los propios Everglades. Como consecuencia de los proyectos de infraestructura de drenaje, la fauna enfrentó la pérdida de su hábitat y disminuyó en toda la región. Esta película, Las aguas del destino, muestra la imagen típica de los proyectos de gestión hídrica antes de que se conociera la totalidad de su impacto ambiental. El narrador describe los esfuerzos del Distrito de Control de Inundación para el Centro y Sur de la Florida y del Cuerpo de Ingenieros del Ejército como la demostración «[del] dominio [sobre el agua] por la mano decidida del hombre». La película, producida en la década de 1950, contiene excelente material de archivo sobre todos los aspectos del proceso de construcción de la infraestructura de drenaje y proporciona una idea de los cambios en las consideraciones de la ciencia de la gestión hídrica desde mediados del siglo XX.

Latigazos: demostración a cargo de L. K. Edwards hijo

Fredric Remington presentó a los estadounidenses al vaquero «cracker [fustigador] de Florida», en la edición de agosto de 1895 de Harper’s Magazine. Remington hizo dibujos y escribió sobre la estirpe de ganaderos de Florida que, con feroz independencia, pastoreaban el ganado y luchaban contra cuatreros a lo largo de la frontera. Para Remington y muchos de sus contemporáneos, la Florida que conocían se parecía mucho a cualquier otra región de los Estados Unidos a finales del siglo XIX. El término «cracker» significa fustigador y deriva del sonido que producían los latigazos dados con un látigo de cuero trenzado. Los «crackers de Florida» llevaban látigos y los utilizaban, junto con perros, para arrear el ganado en las praderas húmedas y matorrales de Florida. En esta grabación, L. K. Edwards hijo, un ganadero de tercera generación del condado de Marion, Florida, demuestra el restallido del látigo durante el festival folclórico de Florida en White Springs, 1956. Según Edwards, los mejores látigos se hacen con gamuza «curtida por los indios» y protegida con aceite de pezuña de vaca. El autor analiza los diferentes tamaños, materiales y estilos de construcción utilizados para hacer látigos, que constituyen un arte popular de larga data y tradición entre los ganaderos de Florida.