17 de octubre de 2014

Seminolas con hierros: rodeo y yerra en la reserva seminola Big Cypress

En Florida, la industria ganadera comenzó poco tiempo después de la fundación de la ciudad más antigua del país, San Agustín, en 1565. Los españoles importaron ganado para satisfacer las necesidades de la colonia, pequeña pero importante. En los albores del siglo XVIII, ganaderos españoles, africanos y nativos americanos trabajaban con las vacas en las vastas praderas húmedas y matorrales del norte y centro de Florida. La Chula, el rancho más grande en la Florida española, se jactaba de tener miles de cabezas de ganado a finales del siglo XVII. Tras la destrucción del sistema de misiones españolas a principios del siglo XVIII, los seminolas migratorios comenzaron con la cría de ganado en el norte de Florida. Cuando, en la década de 1770, William Bartram visitó el asentamiento seminola de Cuscowilla (que también aparece como Tuscawilla), situado cerca de los antiguos ranchos de La Chula en el actual parque estatal Paynes Prairie, observó miles de cabezas de ganado que pastaban en un exuberante prado. Los seminolas siguieron siendo los principales ganaderos de Florida hasta el final de la segunda guerra seminola en 1842. Durante la Guerra Civil estadounidense, los «crackers [fustigadores] de Florida» (llamados así por el sonido que producían los látigos de cuero trenzado) suministraron carne al Ejército Confederado y enviaron ganado a Cuba y a otras islas del Caribe a través de Punta Rassa, cerca de la desembocadura del río Caloosahatchee. En Florida, la industria ganadera moderna despegó con la llegada de los ferrocarriles, a finales del siglo XIX. En el siglo XX, los ganaderos desarrollaron razas especialmente adaptadas para hacer frente al clima extremo de Florida. El pastoreo a campo abierto terminó a finales de la década de 1940 con la aplicación de leyes estatales que imponían el uso de cercas. En la actualidad, la industria ganadera sigue siendo un componente vital de la economía de Florida, y el estado se encuentra entre los principales productores de ganado del país. La tribu seminola de Florida es uno de los mayores productores del estado. En esta fotografía, los vaqueros seminolas de la reserva Big Cypress sostienen hierros forjados con sus iniciales, preparados para herrar al ganado.

Retrato de Charlie Micco, vaquero seminola, en la reserva nativa de Brighton

Durante el siglo XIX, la tribu seminola dominó la ganadería en Florida. Los seminolas, que originalmente no eran ganaderos, heredaron el ganado abandonado por los españoles en el siglo XVI y acogieron la cría de ganado en su propia cultura. El ganado vacuno seminola prácticamente desapareció como consecuencia de las guerras seminolas (1817-1818, 1835-1842 y 1855-1858). Tras la eliminación de la gran mayoría de los seminolas y la incautación de su ganado, los restantes nativos en Florida adaptaron su cultura ganadera a la abundante provisión de jabalíes que se encuentran en el centro y en el sur de Florida. Durante la Gran Depresión, como parte del New Deal indio, el Gobierno federal desarrolló un programa de ganadería destinado a los seminolas de Florida. El objetivo era proporcionar, primero, una base económica para la tribu y, luego, apartarla de su forma de vida tradicional, la caza, estilo que ya no era viable en el sur de Florida. Una primera manada, enviada desde una reserva occidental, llegó a principios de la década de 1930, pero tuvo un pobre desempeño en el calor de Florida. Con posterioridad, se combinaron los rasgos deseables de la raza del breñal de Florida, que descendía del antiguo ganado español, con variedades productoras de carne. Con el tiempo, los programas de cría dieron como resultado animales resistentes capaces de soportar el clima y mantener su peso. Charlie Micco, en la foto, desempeñó un papel decisivo en el desarrollo inicial del programa de ganadería en la reserva de Brighton, situada en la esquina noroeste del lago Okeechobee. Las autoridades federales eligieron a Micco debido a la experiencia que tenía en el trabajo con vacas para rancheros blancos cerca de Brighton. El gobierno ayudó a administrar el programa de ganadería seminola durante varias décadas. En la última mitad del siglo XX, los seminolas tomaron el control total del programa. Esta fotografía fue tomada por Joseph Janney Steinmetz, un fotógrafo comercial de renombre mundial, cuyas imágenes aparecieron en publicaciones como el Saturday Evening Post, Life, Look, Time, Holiday, Collier's y Town & Country.

Emmett Kelly, payaso del circo Ringling, en Sarasota, Florida

Emmett Kelly (1898−1979), en la foto, representó al melancólico payaso vagabundo Weary Willie en el circo Ringling Bros. and Barnum & Bailey durante más de una década. Su acto era diferente de aquel del típico payaso jovial, lo que hizo de Weary Willie uno de los números más memorables del espectáculo del Ringling Brothers. Los hermanos Ringling hicieron que el humilde circo que iniciaron en Baraboo, Wisconsin, se convirtiera en el mayor y más famoso circo estadounidense. Comenzaron su ascenso en la industria del espectáculo en 1884, cuando se fusionaron con el circo de Yankee Robinson. El año siguiente, los Ringling compraron la parte de Yankee Robinson y se convirtieron en los únicos propietarios del espectáculo ambulante. Adquirieron rápidamente circos más pequeños y emplearon a los mejores artistas de todo el mundo. En 1919, los Ringling combinaron sus dos empresas más grandes (Ringling Brothers y Barnum & Bailey) en un solo circo, el «mejor espectáculo del mundo». En 1927, el circo trasladó sus cuarteles de invierno de Bridgeport, Connecticut, a Sarasota, Florida. Los miembros de la familia Ringling pasaban los inviernos allí desde 1911. Esta fotografía fue tomada en 1947 por Joseph Janney Steinmetz, un fotógrafo comercial de renombre mundial, cuyas imágenes aparecieron en publicaciones como el Saturday Evening Post, Life, Look, Time, Holiday, Collier's y Town & Country. Su obra es considerada «una historia social de los Estados Unidos», ya que documenta diversas escenas de la vida estadounidense. Steinmetz se mudó de Filadelfia a Sarasota en 1941.

Pareja matando el tiempo

Las carreteras hacia los estados sureños de los Estados Unidos se abrieron durante la segunda década del siglo XX, lo que permitió que hombres y mujeres de todo el país visitaran los sitios únicos del interior de Florida, lejos de las ciudades en las costas este y oeste. Después de la finalización de la carretera entre Montreal y Miami en 1915, la cantidad de turistas en automóviles aumentó dramáticamente. Los «turistas enlatados» originales de la década de 1920 fueron pioneros en los viajes de campistas. La práctica aumentó su popularidad después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las familias jóvenes y los jubilados cada vez más itinerantes viajaban al sur. Se desarrollaron parques de casas rodantes para estos nuevos visitantes que traían su alojamiento con ellos. Del mismo modo, las atracciones en el camino y los parques de diversiones desarrollaron instalaciones para satisfacer las necesidades de los campistas y los turistas en casas rodantes. «Turistas Enlatados del Mundo», una organización de entusiastas del campamento y de las casas rodantes, se fundó en un terreno para campamentos en Tampa, Florida, en 1919. Sus objetivos consistían en proporcionar áreas seguras y limpias para acampar, entretenimiento sano y altos valores morales a sus miembros. Esta imagen de John y Lizzie Wilson, y su casa rodante en Bradenton, Florida, en 1951, muestra un ejemplo de turistas enlatados después de la Segunda Guerra Mundial. El letrero en la parte posterior del vehículo señala estadounidense. Esta fotografía fue tomada por Joseph Janney Steinmetz, un fotógrafo comercial de renombre mundial, cuyas imágenes aparecieron en publicaciones como el Saturday Evening Post, Life, Look, Time,Holiday, Collier's y Town & Country. Su obra es considerada «una historia social de los Estados Unidos», ya que documenta diversas escenas de la vida estadounidense. Steinmetz se mudó de Filadelfia a Sarasota, Florida, en 1941.

Tren de rescate descarrilado por el huracán del Día del Trabajo de 1935

El 2 de septiembre de 1935, un poderoso huracán azotó los cayos medios de la Florida. El huracán del Día del Trabajo fue la primera tormenta de la historia de los Estados Unidos en alcanzar la categoría 5 en la escala de intensidad registrada. El huracán cobró al menos 485 vidas, entre ellas, las de aproximadamente 260 veteranos de la Primera Guerra Mundial que trabajaban en una sección de la carretera de ultramar, un proyecto de asistencia federal. Los veteranos provenían de las filas del Ejército del Bono, un grupo de soldados que acamparon en los escalones del Capitolio de los EE. UU. a principios de la década de 1930 para exigir la indemnización prometida por el Gobierno federal. El 28 de julio de 1932 fueron dispersados ​​por tropas del Ejército de los EE. UU. bajo el mando del general Douglas MacArthur. Más tarde, el gobierno del presidente Franklin D. Roosevelt dio trabajo de socorro a algunos de los veteranos a través de la agencia Works Progress Administration. En el día de la tormenta, las autoridades enviaron un tren para evacuarlos, pero este no logró llegar a los campamentos ubicados en el cayo Baja Matecumbe. Esta imagen es una vista aérea del funesto tren de rescate, tomada tres días después de la tormenta. Los fuertes vientos y una marejada de, según se calcula, 18 pies (5,49 m) descarrilaron el tren. El autor Ernest Hemingway, entonces residente de cayo Hueso, capturó la indignación pública sobre el episodio en un ensayo titulado «¿Quién mató a los veteranos?», que se publicó apenas unos días después del huracán. Se realizó una investigación gubernamental tanto con respecto al mal manejo de la evacuación como a las deficiencias en el pronóstico llevado a cabo por la Oficina Meteorológica en los días previos a que la tormenta tocara tierra. En última instancia, la sentencia oficial estableció que, en ambos casos, no se había producido un error humano y asignaba la culpa a la naturaleza. Tras el huracán del Día del Trabajo de 1935, la Oficina Meteorológica estableció estaciones adicionales de pronóstico en el sur de Florida y tomó recaudos para mejorar la medidas de precaución ante desastres en las zonas costeras vulnerables. El huracán del Día del Trabajo sigue siendo una de las tormentas más poderosas que jamás haya tocado tierra en los Estados Unidos, pero probablemente será principalmente recordada como el trágico final del Ejército del Bono.

Devastación en Miami a causa del huracán de 1926

Florida, en especial la parte sudeste del estado, experimentó un rápido crecimiento a comienzos del siglo XX. El auge de la tierra durante la década de 1920 atrajo a miles de nuevos residentes y marcó el comienzo de un período de construcción sin precedentes. La prosperidad, que había comenzado con la llegada de los ferrocarriles de Plant y Flagler y se vio prolongada por impulsores del crecimiento, llegó a un abrupto alto a mediados de septiembre de 1926. Un catastrófico huracán tocó tierra cerca de Miami Beach en las primeras horas de la mañana del 18 de septiembre de 1926. Conocida como el huracán Gran Miami, la tormenta marcó un camino de destrucción en el sur de la Florida. Con vientos de más de 150 millas (241 km) por hora y marejadas que superaban los 11 pies (3,35 m) por encima de la marea alta media, el huracán dejó su marca desde South Beach hasta Moore Haven, en el lago Okeechobee, e, incluso, hacia el área de la bahía de Tampa. La costa norte del Golfo también experimentó la ira de la tormenta, que tocó tierra por segunda vez cerca de Gulf Shores, Alabama, y descargó más de 8 pulgadas (20 cm) de lluvia en la zona desde Pensacola, Florida, hasta el sur de Luisiana. Los funcionarios de la Oficina Meteorológica no estaban preparados para el veloz paso del huracán, que, antes de azotar el sur de Florida, dio pocos indicios de que se tratara de una fuerte tormenta. Los ciudadanos de Miami y las comunidades circundantes se vieron igual de sorprendidos por el rápido avance de la tormenta. La devastación causada por el huracán hizo que un funcionario de la Oficina Meteorológica lo describiera como «la tormenta más destructiva en la historia de los Estados Unidos». Los funcionarios calcularon que la tormenta había destruido 4700 viviendas en el sur de Florida y había dejado a 25 000 personas sin refugio. La Cruz Roja informó que 372 personas perdieron la vida y más de 6000 resultaron heridas en la tormenta. El impacto a largo plazo se hizo evidente en los meses y años posteriores cuando estalló la burbuja inmobiliaria y Florida se hundió en una depresión económica unos tres años antes que el resto de la nación.