12 de febrero de 2013

Hombres hutsules

Esta imagen pertenece a un álbum, probablemente publicado alrededor de 1920, que contiene 20 fotografías de escenas de la Rutenia carpática, una región montañosa de la que gran parte pertenecía al Imperio austro-húngaro antes de la Primera Guerra Mundial, pero que se convirtió en parte del nuevo Estado checoslovaco en 1919. En la actualidad la mayor parte del territorio forma el óblast de Zakarpatia, en el oeste de Ucrania, mientras que áreas más pequeñas se encuentran en Eslovaquia y Polonia. Esta imagen muestra a un grupo de hombres hutsules. Los hutsules son un grupo étnico y cultural que habla un dialecto del ucraniano, influido por el polaco. Han vivido en la Rutenia carpática por siglos. Tradicionalmente los hombres usan una blusa de cuello alto con un bordado oscuro. Por lo general la llevan sujeta encima de los pantalones por un cinturón de lana tejida o, a veces, por un cinturón ancho de cuero rojo con varias hebillas. El sombrero tiene cuerdas de colores trenzadas. Usan botas altas de cuero o calcetines gruesos de lana y sandalias.

Rutenia carpática. Cerámicas

Esta imagen pertenece a un álbum, probablemente publicado alrededor de 1920, que contiene 20 fotografías de escenas de la Rutenia carpática, una región montañosa de la que gran parte pertenecía al Imperio austro-húngaro antes de la Primera Guerra Mundial, pero que se convirtió en parte del nuevo Estado checoslovaco en 1919. En la actualidad la mayor parte del territorio forma el óblast de Zakarpatia, en el oeste de Ucrania, mientras que áreas más pequeñas se encuentran en Eslovaquia y Polonia. Durante siglos, la cerámica ha sido una de las artesanías de Rutenia carpática, ya que la región cuenta con grandes yacimientos de caolín (arcilla de China). La cerámica decorada de todo tipo como se ve aquí era realizada en particular por la población hutsul, pero también por otros pueblos locales.

Historia bizantina

Este manuscrito griego en pergamino, que data de los siglos XII o XIII, es uno de los códices más valiosos de la Biblioteca Nacional de España, apreciado por la riqueza de su iluminación. La obra, de Ioannes Scylitza (quien prosperó en 1081) es una historia de los emperadores bizantinos desde 811 hasta 1057 que cubre acontecimientos que van desde la proclamación de Miguel I Rangabés en 811 hasta el reinado de Miguel VI en 1056-1057. Consta de 577 miniaturas realizadas por diferentes artistas. La mayoría de las escenas están acompañadas por leyendas que explican su sentido. Las miniaturas ilustran los pasajes del texto e incluyen vistas de fortalezas, escenas de guerra y de la vida cortesana, representaciones de castigos corporales y otras escenas más refinadas y delicadas de naturaleza religiosa, como bautismos y la ordenación de patriarcas. Las primeras iluminaciones, en tonos claros, se distinguen por su sencillez y el realismo de sus figuras. Las siguientes son escenas complejas dibujadas con trazado tosco, a veces con grotescos rasgos de naturalismo. Las últimas son composiciones de ejecución amplia, valiente y vivaz, con trajes sencillos, carnes modeladas, y realismo en los tipos populares. Es probable que el manuscrito se haya escrito en Palermo, Sicilia. Perteneció al monasterio de San Salvador de Faro de Messina hasta finales del siglo XVI, cuando se convirtió en propiedad de la catedral de Messina. En 1690, pasó a ser de los duques de Uceda, hasta que Felipe V confiscó la rica biblioteca ducal. Desde entonces, ha estado bajo la custodia de la Biblioteca Nacional en Madrid.

Arte de reloxes de ruedas para torre, sala, y faltriquera

Manuel del Río fue un religioso franciscano español de quien se dice que fue un diestro relojero que probablemente haya aprendido el oficio en Oporto, Portugal, con Tomás Luis de Sáa. Del Río pertenecía a la comunidad franciscana de Santiago, donde publicó en 1759 la obra Arte de los reloxes de ruedas, reeditada en Madrid en el año 1789 por su discípulo, Ramón Durán. Esa es la edición que aquí se presenta. El prólogo indica que uno de los motivos para escribir esta obra fue la ausencia de manuales sobre el tema. De hecho, en la segunda mitad de siglo XVIII se publicaron otros dos tratados españoles de relojería. La singularidad de la obra de Manuel del Río está en ser la primera en describir un reloj de autómatas de iglesia y dar instrucciones sobre su construcción. Del Río prosperó en el favorable ambiente cultural creado por el rey Carlos III, que promovió la enseñanza de oficios industriales y artísticos y la publicación de obras científicas y técnicas. Las políticas del rey también condujeron a la fundación de centros, como la Real Escuela de Relojería (en 1771) y la Real Fábrica de Relojes (en 1788). Para ese entonces, el reloj mecánico se había generalizado de tal manera que era necesario que el usuario contara con manuales prácticos que le ayudaran con el mantenimiento y la corrección del tiempo. La obra muestra muchas de las características comunes de los libros del siglo XVIII, destinados a la difusión de conocimientos utilitarios. Incluye grabados sobre instrumentos, engranajes y otros objetos dispuestos de manera precisa para ayudar a la comprensión del tema. Estos fueron realizados por Cipriano Maré, grabador que participó en la ilustración de otras importantes obras de divulgación científica. Refuerzan el carácter didáctico del tratado su clara organización y la inclusión de apartados de consulta-respuesta en el primer volumen, así como el índice alfabético de materias y el glosario en el segundo.

Decoración teatral

Francisco Rizi, pintor de origen italiano, se formó en el taller de Vicente Carducho. En 1637 empezó a trabajar para el rey Felipe IV de España, quien lo designó pintor del rey en 1656. Su época de esplendor coincidió con el reinado de este monarca, para el que trabajó tanto en decoraciones de carácter mitológico destinadas al Alcázar de Madrid, como en el diseño y montaje de escenografías teatrales, a partir de 1657. Esta obra probablemente estuvo destinada a alguna representación teatral en el Palacio del Buen Retiro, en Madrid. Se trata de un dibujo muy bien realizado, de marcado carácter barroco, con énfasis en el color y el carácter decorativo. Recoge una construcción de carácter efímero realizada con materiales simples embellecidos con pinturas al temple que asemejan mármoles, decorada con relieves, orlas y escudos que son símbolos iconográficos en los que se combinan la mitología y la glorificación de los monarcas. Apolo, como la personificación del Sol y el patrono de las musas, es transportado en una cuadriga en la orla superior. En las hornacinas laterales se sitúan alegorías de la primavera y del otoño. En el fondo se aprecia la figura de Pan con un instrumento musical, en alusión a las Artes. Sobre el frontispicio del segundo arco aparece el escudo real. Las estructuras ondulantes reforzadas por columnas crean dinamismo en la composición y están dispuestas en diversos ángulos con el fin de crear una perspectiva ilusoria. Rizi manifiesta su maestría como pintor y escenógrafo. También es posible que este dibujo tuviera relación con una de las entradas triunfales, que ya estaban bien establecidas en la corte. Rizi fue fundamentalmente un pintor de temas religiosos. Su obra está vinculada con la catedral de Toledo y las iglesias más prominentes de la corte, como Descalzas Reales, San Antonio de los Portugueses y Colegio Imperial de Madrid. Se lo considera el primer gran pintor barroco de la escuela madrileña. Contribuyó a renovar la pintura española al combinar las influencias rubenianas con el colorido de la escuela veneciana.

Examen de ingenios para las sciencias

Examen de ingenios para las sciencias, que se imprimió por primera vez en 1575, es la única obra de Juan Huarte de San Juan, nacido circa 1529 en la frontera Navarra, en España. La obra pretende aclarar diversas cuestiones sobre el conocimiento humano y las distintas capacidades y habilidades que tienen algunas personas pero no otras, además de preguntas sobre qué es lo que hace que alguien sea muy hábil para una ciencia pero no para otra y cómo reconocer qué arte y ciencia corresponden a cada hombre. Es posible que, al redactar la obra, el autor quisiera solucionar la enorme necesidad de hombres preparados que tenía la España del siglo XVI, en especial en la administración y en el ejército, para afrontar las inmensas empresas del reino y su imperio. De hecho, la obra está dedicada al rey Felipe II, lo que es una indicación de este objetivo. Algunos títulos de capítulos sugieren el contenido: «Capítulo VI: Donde se declara qué parte del cuerpo ha de estar bien templada para que el muchacho tenga habilidad» o «Capítulo XI: Donde se prueba que el habla elocuente y amable no puede existir en hombre de gran entendimiento». Para el autor solo los hombres tienen aptitud para las ciencias, como demuestra el capítulo en el que explica cómo se puede engendrar un hombre en vez de una mujer, dado que son más provechosos: «Qué diligencias se han de hacer para que salgan varones y no hembras». Tras varias reimpresiones y traducciones debidas al gran éxito de la obra, una denuncia a la Inquisición obligó a Huarte a revisar el texto, del que suprime un capítulo y añade otros, lo cual da lugar a una segunda edición revisada en 1594, que es la que se muestra aquí. El autor no llegó a verla impresa dado que falleció en 1588 y fue su hijo quien se encargó de completarla.