Antología de Ḥakīm Ruknā Masīḥ

Este diwan (una colección de poemas en árabe o persa, por lo general, de un solo autor) de poemas persas escritos por el médico y poeta Ḥakīm Ruknā Masīḥ data de 1638. Ḥakīm es un título honorífico dado a sabios o médicos. Masīḥ (el cristiano), que aparece en otra parte del manuscrito, fue un pseudónimo del autor. Se cree que el autor dictó estos poemas a su calígrafo. El manuscrito está dividido en cuatro secciones, que contienen qasidas (odas), gazales (poemas líricos), rubaiyat (cuartetas) y muqatta't (fragmentos poéticos). Las primeras dos páginas de cada sección muestran un campo en dorado con un diseño de nubes blancas que contienen los versos. Cada sección comienza con una iluminación: una colorida composición con flores, con títulos escritos en letras blancas sobre un fondo dorado y texto dividido en dos partes por una tira vertical con ornamentación colorida. Cada página está enmarcada por una tira dorada con un borde exterior azul. El colofón del manuscrito fue finalizado el 18 del mes de Shawal (Shaval) del año 1047 d. H. en la ciudad de Dar al-Muminin (Kashan), en el estilo caligráfico shikastah nastaʿlīq. El volumen está encuadernado en cuero negro, y la cara interna de las tapas están forradas en cuero rojo. La cara externa tiene grabada una ilustración de grullas, y la interna tiene un grabado con un ornamento azul y dorado. El manuscrito fue entregado en 1904 a la biblioteca de la Universidad de Járkov por B. G. Filonov, un ex alumno de la facultad de derecho de la universidad, primer presidente del directorio de la Biblioteca Pública de Járkov (actual Biblioteca Científica Estatal Korolenko) y famoso coleccionista y mecenas de las artes en Járkov.

Beato de Liébana: códice de Fernando I y Dña. Sancha

Hacia el año 776, un monje llamado Beato, quizás abad del monasterio de Santo Toribio de Liébana, escribió una obra titulada Comentarios al Apocalipsis que tuvo un extraordinario éxito durante cinco siglos. Gracias a su extensa cultura, Beato combinó en este texto, a modo de summa, muchos comentarios que habían realizado sobre el tema autores como San Ireneo de Lyon, San Gregorio Magno, San Isidoro de Sevilla y el erudito del siglo IV Ticonio. El género de la literatura apocalíptica, que surgió en el ambiente judaico hacía el siglo II a. C., nunca había dejado de cultivarse. Beato, tan obsesionado como sus contemporáneos por el inminente advenimiento del fin del mundo, que según el cálculo de las seis edades sucedería en el año 800 (838 en la era española), escribió la obra para edificación de sus monjes, insistiendo en que, tras las aterradoras catástrofes finales anunciadas por Juan el Evangelista, el bien triunfaría sobre el mal. No se conserva el códice original de Beato, que es muy probable que estuviera iluminado. Pasó la fecha temida sin que nada sucediera, pero siguieron realizándose copias en los monasterios del norte peninsular (solo un manuscrito existente es originario de otro país). Después llegaría el temido año 1000, y otras fechas aterradoras, así que el texto, ya indisolublemente unido a un ciclo fijo de ilustraciones, siempre tenía sentido para los lectores. Han sobrevivido treinta y cinco copias manuscritas que datan de los siglos IX al XIII. A cada una de ellas, por extensión semántica, se las denomina beato y 26 de ellas están iluminadas. Dos se conservan en la Biblioteca Nacional de España. Aquí se muestra uno de los más bellos ejemplares, el códice Vitr/14/2, encargado en 1047 por el rey Fernando I y doña Sancha, que quizás realizó Facundo en San Isidoro de León. Sus 98 miniaturas, dotadas de sorprendente expresividad, se distribuyen en su mayoría sobre franjas horizontales de vivos colores, en un peculiar e inconfundible estilo que mezcla el románico con diversas influencias mozárabes y norteafricanas. Se destacan las miniaturas de los Cuatro Jinetes, la visión de la Jerusalén celestial, la serpiente de las siete cabezas y la destrucción de Babilonia. En poder del marqués de Mondéjar desde el siglo XVII, el manuscrito fue requisado junto con el resto de su biblioteca por Felipe V en la guerra de Sucesión.

Etimología

Etymologiae (Etimología) es la obra más conocida de San Isidoro de Sevilla (circa 560-636), un erudito y teólogo considerado el último de los grandes Padres Latinos de la Iglesia. Toma su nombre de un método de enseñanza mediante el cual se explica el origen y el significado de cada palabra relacionada con el tema. San Isidoro basó en muchas fuentes diferentes su intento de resumir todo el conocimiento antiguo y guardarlo para la posteridad. La fama de la obra hizo que se la copie y se la disemine mucho y su popularidad duró incluso hasta el Renacimiento. Para los eruditos medievales, Etymologiae era un compendio inigualable de información. Este importante manuscrito en escritura gótica minúscula, en el estilo de la escuela de Toledo-Sevilla, tuvo su origen en la catedral de Toledo. Incluye notas y equivalentes árabes de algunas palabras latinas. Varias hojas están formadas de recortes de pergamino, toscamente elaborado. También contiene un mapa mundial con escritura árabe en la hoja 116 verso y figuras geométricas en color, con títulos, epígrafes, iniciales y capitales en rojo y verde.

Jugar con fuego: zarzuela en tres actos

Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894) es una de las personalidades más importantes de la historia de la música española. Fue compositor, musicólogo, director y bibliófilo. El núcleo fundamental de los fondos del departamento de música de la Biblioteca Nacional lo constituye la biblioteca del propio Barbieri, quien la donó en su testamento a la institución. El legado Barbieri es una de las fuentes más importantes para la historia de la música española. Además, en 1999 la Biblioteca Nacional adquirió su archivo personal, que incluye partituras autógrafas. La relación de Barbieri con la Biblioteca Nacional comenzó con el acto de la primera piedra del edificio, para el que compuso, en 1866, una marcha triunfal. La zarzuela (opereta cómica española) Jugar con fuego se estrenó el 6 de octubre de 1851, en el Teatro del Circo de Madrid, con inmenso éxito en todas las funciones durante 17 noches. Fue la zarzuela más representada en España desde su estreno hasta 1860. La obra marcó las características del género y el inicio de la zarzuela grande (una zarzuela con más de un acto). Se hizo una gran cantidad de adaptaciones sobre Jugar con fuego, así como arreglos y transcripciones de la obra completa o de los fragmentos más aplaudidos, fundamentalmente para piano o para voz y piano, pero también para guitarra e incluso para algunas formaciones de cámara. Se muestra aquí, del mismo año, la obra en dos formatos: la partitura completa manuscrita, que contiene la dedicatoria, de puño y letra de Barbieri, al duque de Osuna, y una edición madrileña para voz y piano del número 12 de la zarzuela. Es la aria barítono y el coro: «Quien mé socorre!». También con el año de edición 1851 se expone el libreto de Ventura de la Vega, dramaturgo, maestro de literatura de Isabel II y director del Conservatorio de Madrid. La reducción para voz y piano de Jugar con fuego originó un juicio entre Barbieri y uno de los más importantes editores de música de la época, Casimiro Martín, quien publicó una copia de dicha reducción sin el permiso del compositor. Barbieri no pudo defender sus derechos por no haber inscrito este formato de la obra en el Registro de la Propiedad Intelectual.

Siete partidas

Este manuscrito iluminado de las Siete partidas escrito sobre pergamino en letra gótica, data de los siglos XIII a XV. El códice es de singular importancia bibliográfica por varios motivos. Se realizó en un solo escritorio (excepto la I partida, añadida en el siglo XV), contiene la totalidad de las partidas y lleva incorporados en su ornamentación datos de su historia bibliográfica que manifiestan su procedencia. La elaboración de este corpus legislativo, encargado y comenzado por Alfonso X y complementado por reformas posteriores, constituye el mayor y más difundido ordenamiento jurídico que ha regido en España desde la Edad Media hasta la Moderna e influyó en el Derecho de algunas de sus antiguas colonias. Su aplicación se hizo efectiva a partir del reinado de Alfonso XI y de las Cortes de Alcalá de Henares de 1348, en el que las partidas son citadas como jurisprudencia. El manuscrito se divide en siete partes, una por cada partida. Lleva un índice general (mal ordenado en la II partida) y un índice particular al comienzo de cada una de ellas con los títulos que la componen. Faltan los correspondientes a las partidas V y VII. La I partida versa sobre el derecho canónico; la II, sobre el nobiliario, que regula el derecho de reyes y de grandes señores; la III abarca el derecho procesal y codifica la administración de justicia; la IV legisla sobre el derecho civil y, en especial, sobre el matrimonial y las relaciones humanas; la V se ocupa del derecho mercantil; la VI, del de sucesión; y, por último, la VII trata del derecho penal. Constituye a la vez un código de regulación de las relaciones sociales y de la convivencia en general. El manuscrito está iluminado con orlas y miniaturas al comienzo de cada partida, cuyas representaciones aluden al tema tratado. De este modo, al comienzo de la I partida, el papa presenta al rey ante el Salvador (folio 6 reverso); en la II, la miniatura representa al rey con sus caballeros (folio 106 reverso); en la III, el rey, en su trono, administra justicia (folio 191 reverso); en la IV, hay una escena del bautismo de Jesucristo (folio 294 reverso); en la V, el rey, representante supremo de la justicia, realiza un contrato entre varias personas (folio 331 reverso); en la VI, un moribundo dicta testamento (folio 379 reverso); y en la VII, se presenta una escena de torneo (folio 415 reverso). Las demás iniciales y letras capitales del códice se decoran en oro bruñido y colores, predominando el azul y el rojo, y algunas llevan decoración de rasgueo. En los títulos y epígrafes se emplea el rojo. En un principio, el manuscrito pertenecía a Alvaro de Zúñiga, primer duque de Arévalo, presidente del tribunal supremo del reino, quien se casó con Leonor Pimentel. La procedencia se refleja en los escudos de armas que adornan la página frontal y su encuadernación. Más tarde, el manuscrito formó parte de la biblioteca de los Reyes Católicos, como puede verse por su delicada funda de terciopelo. La encuadernación es de estilo gótico-moro, en cuero grabado sobre madera. En el interior de sus tapas se representa el escudo de armas de los Zúñiga-Pimentel. Esta rica encuadernación fue protegida por los Reyes Católicos con una funda de terciopelo azul, adornada con esmaltes moriscos engarzados en plata. Los motivos decorativos florales y heráldicos predominan en los cuatro broches, en las dos iniciales coronadas reales «Y» (Isabel) y «F» (Fernando) y en los dos haces de flechas que la componen.

El melopeo y maestro: tractado de musica theorica y pratica

Pedro (Pietro) Cerone (1566–1625) nació en Bérgamo, Italia. Tras formarse como músico, cantante y sacerdote en Italia, viajó a España alrededor de 1593, como peregrino a Santiago de Compostela. Un año después, sumido en la indigencia y viviendo en Madrid, fue protegido por Santiago Gratii (Caballero de Gracia) en cuya academia musical pudo trabajar. Probablemente gracias a Caballero de Gracia pudo entrar en la Capilla Real de Felipe II y, luego, en la de Felipe III. Entre 1603 y 1605 regresó a Nápoles y en 1610 ingresó en la capilla del nuevo virrey de Nápoles, el conde de Lemos, Pedro Fernández Castro. Fue en Nápoles donde publicó, en 1609, un tratado de canto llano y en 1613, y en español, El melopeo y maestro, un libro que había redactado, casi en su totalidad, en Madrid. El título puede derivar del latín melopeia, en referencia al arte de la producción de melodías, y maestro, en el sentido de un eminente profesor de música. El melopeo es una obra de carácter enciclopédico, que consta de 1160 folios, divididos en 849 capítulos. Como indica el título, en la obra «se pone por extenso lo que uno para hacerse perfecto músico ha menester saber». Cerone empieza por dar consejos sobre el comportamiento moral y social del músico. Luego, atiende el canto llano, el mesurado, el contrapunto y la composición. Compara la formación y el conocimiento musical en España e Italia, apunta las carencias españolas y presenta el más detallado catálogo de los instrumentos usados en España. El libro tuvo una gran circulación y fue una referencia fundamental para los teóricos españoles de música de los siglos XVII y XVIII. Denostado en el siglo XIX por su conservadurismo, hoy se lo reconoce como una valiosa fuente de información sobre la música española de la época.

Libro de Calixto y Melibea y de la puta vieja Celestina

La Celestina ha sido, sin duda, uno de los mayores grandes éxitos de la literatura española. Se dice que hubo más de 200 ediciones antiguas, aunque se conservan menos de la mitad de ellas. La obra, de Fernando de Rojas (fallecido en 1541), comenzó como una comedia en 16 actos, que se ampliaron a 21 en la tragicomedia, y esta versión fue la que llegó a popularizarse. La obra no solo se publicó en toda España, sino que se hicieron impresiones del texto español en Lisboa, Roma, Venecia, Milán y Amberes. Prueba de su gran popularidad son también las primeras traducciones realizadas al italiano, al alemán, al francés, al inglés y al holandés. Esta preciosa edición ilustrada, realizada por el pintor sevillano Cromberger alrededor de 1518-1520, es, en realidad, la tercera de la serie de ediciones que realizó el impresor y la única que tituló Libro de Calixto y Melibea y de la puta vieja Celestina en lugar del clásico Tragicomedia de Calisto y Melibea. Lo más interesante de la impresión de Cromberger es la serie de grabados xilográficos que utiliza casi sin variación en todas sus primeras ediciones de La Celestina, realizadas probablemente con los mismos tacos. Se encuentran al principio de cada acto y son de dos tipos: una serie de grabados rectangulares más amplios que representan episodios, y otra serie de grabados sueltos de figuras que muestran personajes, árboles y edificios. Estas, llamadas figuras factótum, se convertirían en ser características de los pliegos sueltos españoles hasta bien entrado el siglo XIX. El ejemplar que aquí se muestra es una extraordinaria rareza bibliográfica, ya que es la única copia sobreviviente de esta edición.

Codicilo de la reina Isabel la Católica, otorgado en Medina del Campo, el 23 de noviembre de 1504

El 23 de noviembre de 1504, tres días antes de su muerte, la reina Isabel firmó en Medina del Campo un codicilo en presencia del mismo notario, Gaspar de Gricio, y de cinco de los siete testigos que habían asistido el 12 de octubre anterior a la firma de su testamento. Si la reina se había referido en el testamento a los aspectos fundamentales del gobierno de los Reyes Católicos, en el codicilo, además de expresar su deseo de reafirmar lo que había dispuesto en el testamento, aborda, por un lado, cuestiones que afectaban directamente al gobierno peninsular y, por otro, mostraba su preocupación por la política que estaba ejerciendo España en América, con lo cual sentó las bases de las Leyes de Indias (el código de leyes emitido por la corona que gobernaba las posesiones españoles en América y las Filipinas). En la última cláusula del testamento, la reina expresaba el deseo de que se trasladara el testamento y el codicilo original al monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, en Extremadura, en el centro de España, no se vería cumplido, pues se sabe que entre los años 1543 y 1545 el testamento se llevó al castillo de Simancas, que pronto se convertiría en el archivo real de España. El codicilo, que extrañamente se había desgajado del testamento, se incorporó a las colecciones de la Biblioteca Real, y pasó a formar parte de un tomo de varios volúmenes del que se separa en 1881. El codicilo comienza con una breve salutación a la divinidad para ratificar a continuación lo expresado en el testamento. Siguen las 17 cláusulas que constituyen el cuerpo del codicilo y la rúbrica de la reina con los restos del sello de placa real. El documento termina con la suscripción notarial y las firmas y los sellos de los cinco testigos. Escrito en letra humanística-cortesana en tres hojas de pergamino con una hoja adicional que sirve de tapa, el codicilo tendría en su estado original un aspecto similar al testamento.

Biblia hispalense

La Biblia hispalense, denominada también Codex Toletanus, es un manuscrito de la primera mitad del siglo X escrito en latín en letra minúscula visigótica por al menos cuatro copistas. Los títulos también aparecen en hebreo y, en los márgenes, hay notas en árabe. El manuscrito está compuesto por cuadernos de ocho hojas en pergamino y su texto se distribuye en tres columnas de 63 a 65 líneas. Contiene los textos del Antiguo y Nuevo Testamento, con un prefacio, prólogos y comentarios de San Jerónimo y San Isidoro, entre otros. A pesar del formato y el contenido claramente cristianos, la influencia árabe de la ocupación mora de al-Ándalus es notable en la ornamentación y en el arco de herradura doble con un motivo decorativo en forma de flores y hojas, típico del arte islámico. Se incluyen los símbolos de los evangelistas, San Lucas y San Juan, y hay dibujos de los profetas Miqueas, Nahum y Zacarías y algunas iniciales con aves y peces. Algunas mayúsculas y leyendas aparecen en azul y rojo. El manuscrito muestra cierto deterioro, en particular en las primeras páginas. Sobrevivió parte de la numeración arábiga de los siglos XV y XVI y un conjunto completo del siglo XVIII. Las últimas páginas contienen un fragmento de un glosario en latín de un códice diferente. Una nota de la página 375 verso afirma que Servando de Sevilla regaló el libro a su amigo el obispo de Córdoba, quien en 988 lo entregó a la iglesia de Santa María en Sevilla. En 1869 llegó a la Biblioteca Nacional de España con otros materiales de la catedral de Toledo.

Arte de reloxes de ruedas para torre, sala, y faltriquera

Manuel del Río fue un religioso franciscano español de quien se dice que fue un diestro relojero que probablemente haya aprendido el oficio en Oporto, Portugal, con Tomás Luis de Sáa. Del Río pertenecía a la comunidad franciscana de Santiago, donde publicó en 1759 la obra Arte de los reloxes de ruedas, reeditada en Madrid en el año 1789 por su discípulo, Ramón Durán. Esa es la edición que aquí se presenta. El prólogo indica que uno de los motivos para escribir esta obra fue la ausencia de manuales sobre el tema. De hecho, en la segunda mitad de siglo XVIII se publicaron otros dos tratados españoles de relojería. La singularidad de la obra de Manuel del Río está en ser la primera en describir un reloj de autómatas de iglesia y dar instrucciones sobre su construcción. Del Río prosperó en el favorable ambiente cultural creado por el rey Carlos III, que promovió la enseñanza de oficios industriales y artísticos y la publicación de obras científicas y técnicas. Las políticas del rey también condujeron a la fundación de centros, como la Real Escuela de Relojería (en 1771) y la Real Fábrica de Relojes (en 1788). Para ese entonces, el reloj mecánico se había generalizado de tal manera que era necesario que el usuario contara con manuales prácticos que le ayudaran con el mantenimiento y la corrección del tiempo. La obra muestra muchas de las características comunes de los libros del siglo XVIII, destinados a la difusión de conocimientos utilitarios. Incluye grabados sobre instrumentos, engranajes y otros objetos dispuestos de manera precisa para ayudar a la comprensión del tema. Estos fueron realizados por Cipriano Maré, grabador que participó en la ilustración de otras importantes obras de divulgación científica. Refuerzan el carácter didáctico del tratado su clara organización y la inclusión de apartados de consulta-respuesta en el primer volumen, así como el índice alfabético de materias y el glosario en el segundo.