1 de junio de 2012

Arrendatarios en una estancia

Esta fotografía, tomada en Chile, durante el primer cuarto del siglo XX, pertenece a la Colección Frank y Frances Carpenter, que se encuentra en la Biblioteca del Congreso Frank G. Carpenter (1855-1924) fue un escritor estadounidense de libros sobre viajes y geografía del mundo, cuyas obras contribuyeron a popularizar la antropología cultural y la geografía en los Estados Unidos a principios del siglo XX. Se estima que la colección, compuesta por fotografías tomadas y recopiladas por Carpenter y su hija Frances (1890-1972) para ilustrar sus escritos, incluye cerca de 16 800 fotografías y 7000 negativos de vidrio y de película. La fotografía muestra a un grupo de gente, probablemente una familia, delante de una casa de adobe con techo de paja. La leyenda de la foto los identifica como inquilinos.

5 de junio de 2012

Carta a tribus guerreras

Tombuctú, fundada alrededor del año 1100 como centro para el comercio del desierto del Sáhara, fue también un importante asentamiento de cultura islámica desde el siglo XIV en adelante. Las bibliotecas de Tombuctú contienen numerosos manuscritos importantes, en diversos estilos de escritura arábiga, que fueron escritos y copiados por los escribas y eruditos de Tombuctú. Estas obras constituyen la contribución más famosa y duradera de la ciudad a la civilización islámica, y también al mundo. En este trabajo, el autor, un erudito y líder religioso, insta a las facciones antagónicas a hacer la paz y vivir en paz. Apoya su argumento con citas del Corán y alusiones a la práctica de Mahoma y sus compañeros, que exigen a los fieles evitar la discordia, reconciliarse y vivir en paz y tolerancia.

8 de junio de 2012

Escultura monumental de un jaguar

Esta escultura de cerámica pulida pintada se hizo en el sur de Veracruz, México, en 600-900 d.C., o el período clásico tardío de la civilización mesoamericana. Los estudiosos han definido tradicionalmente Mesoamérica como una región cultural que comprendía los actuales países de México, Guatemala, Belice, Honduras occidental y El Salvador. Su historia se divide en un período arcaico (circa 12.000-1500 a.C), un período preclásico o formativo (circa 1500 a.C.-200 d.C), un período clásico (circa 200-900 d.C), y un período postclásico (circa 900-1500 d.C). El jaguar tropical era una importante criatura sagrada en gran parte de Mesoamérica, cuyas gentes creían que los espíritus o co-esencias de los animales los acompañaban. Estos animales o formas compuestas se representaban con frecuencia en varios medios. En esta escultura, el modelado del cuerpo es más felino que humano, lo que indica una deificación del animal. Los jaguares eran los patrones y protectores especiales de los reyes, así como las deidades que representaban el sol en su aspecto nocturno. Muchos reyes mayas elegían el nombre “Balam”, que significa "jaguar", al ascender al trono. Esta escultura es inusual porque es una figura completa. Puede que, originariamente, flanqueara el trono de un señor o rey maya.

«El libro de la medicina simple y las plantas», de «El canon de la medicina»

Al Hussein ibn Abdullah Ibn Sina (también conocido por la versión latinizada de su nombre, Avicena, 980–1037 d. C.; 370–428 d. H.) fue un erudito persa musulmán y el médico y filósofo más importante de su tiempo. En su Introducción a la historia de la ciencia, George Sarton (1884–1956) caracterizó a Ibn Sina como «uno de los exponentes más famosos del universalismo musulmán y una figura eminente del conocimiento islámico», resaltando que «durante mil años ha mantenido su prestigio original como uno de los más grandes pensadores y estudiosos de la medicina en la historia». El libro de Ibn Sina, Al-Qānūn fī al-țibb (El canon de la medicina) es su obra más famosa. Este resumen de los conocimientos médicos de la época, que consta de cinco volúmenes, es considerado uno de los grandes clásicos en la historia de la medicina. Aún a principios del siglo XIX se lo tenía en cuenta como una autoridad médica. Según Sarton, El canon de la medicina contiene «algunos de los pensamientos más esclarecedores referentes a la distinción entre mediastinitis y pleuresía, la naturaleza contagiosa de la tisis, la transmisión de enfermedades a través del agua y el suelo, la descripción detallada de problemas de la piel, de enfermedades sexuales y perversiones, [y] de padecimientos nerviosos». Aquí se presenta Kitāb al-adwiyah al-mufradah wa al-nabātāt (El libro de la medicina simple y las plantas), un extracto de la materia médica de Al-Qānūn fi al-țibb.

12 de junio de 2012

Códice Techialoyan de Cuajimalpa

El Códice Techialoyan de Cuajimalpa es uno de los códices Techialoyan: una denominación genérica con que se conoce a un grupo de documentos producidos por el mismo equipo de personas en una amplia área del centro de México, principalmente entre 1685 y 1703. El códice describe una solemne reunión de autoridades del pueblo de San Pedro Cuajimalpa, hecha para confirmar los límites territoriales de la ciudad, los parajes que comprendía, los barrios que la integraban y los pueblos que le tributaban. El objetivo de esta ceremonia, fusión de las antiguas prácticas culturales de origen mesoamericano y europeo, era la legitimación de la posesión de la tierra. Texto y pictografía se complementan, y aparecen las firmas de los principales presentes. La iconografía es rica en representaciones de vegetales, arquitectura y personas, tanto indígenas como europeos. El pueblo de San Pedro Cuajimalpa utilizó a lo largo de su historia este documento para sustentar el derecho a la posesión de sus tierras, derecho que conservó hasta 1865. En ese año, Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota visitaron el convento del Desierto de los Leones y los pueblos vecinos, donde conversaron con los pobladores. A raíz de este encuentro, los pobladores de Cuajimalpa presentaron el documento ante un juzgado para su traducción (del náhuatl al español) y su autentificación, que realizó ese mismo año el paleógrafo Francisco Rosales. A fines del siglo XVII, la población indígena de México había crecido e intentaba recuperar aquellas tierras absorbidas por haciendas, ranchos o por otros pueblos, y el gobierno virreinal buscaba mecanismos para regularizar la posesión de la tierra. Los documentos indígenas se utilizaban como documentos probatorios de la antigüedad de los pueblos y la legítima posesión territorial. A los pueblos les interesaba demostrar que eran cabeceras (y no poblaciones sujetas a estas) y fundaciones antiguas, con límites establecidos antiguamente. Existen cincuenta ejemplares del tipo Techialoyan. Muchos de estos documentos están escritos con tinta de origen europeo y en lengua náhuatl, escrita con caracteres latinos con letra grande y poco refinada, a menudo sobre papel amate. Los elementos iconográficos se repiten entre uno y otro ejemplar y, en su mayoría, fueron plasmados con una pintura densa tipo acuarela. Entre las imágenes que aparecen con mayor frecuencia están los indígenas, las iglesias, las colinas y la vegetación. Los textos también se repiten en muchos de los documentos, aunque en cada caso hacen referencia a un pueblo en particular. Los asentamientos que encargaban la elaboración de un códice Techialoyan cuidaban que en este quedase plasmada la información esencial sobre la fundación y la historia de su pueblo. Es por eso que contienen menciones o pinturas sobre tierras agrícolas y de monte, elementos geográficos que marcaban los límites de las propiedades, e información sobre los caciques y principales fundadores o representantes, y el tamaño de los asentamientos y barrios. Actualmente, el Códice Techialoyan de Cuajimalpa está en el Archivo General de la Nación de México, Colección Tierras, volumen 3684, archivo 1, fojas 1-27.

Códice del Marquesado del Valle

Este expediente, de valor excepcional, contiene 28 peticiones separadas de diferentes caciques y pueblos del marquesado del valle, en contra de usurpadores de tierras y e ingenios de azucar por parte de Hernán Cortés, primer marqués del valle. El marquesado comprendía el actual estado de Morelos, así como partes de los estados de Puebla, Oaxaca y México. Las grandes plantaciones cañeras que impulsó Cortés se crearon rentando, comprando o usurpando huertas, sembradíos y parajes pertenecientes a los caciques (nobles indígenas), pueblos y barrios desde tiempos inmemoriales. Durante todo el siglo XVI convivieron las dos economías: la indígena y la europea. Los indígenas trataban de preservar lo que les pertenecía mientras que los españoles expandían sus propiedades a la fuerza. Estas peticiones, de contenido principalmente agrario, fueron elaboradas a mediados del siglo XVI. Contienen generalmente un texto en náhuatl que explica su demanda, y un croquis o mapa elaborado por tlacuilos (pintores indígenas). Cargados de la simbología, la información y los conocimientos indígenas, estos croquis muestran la disposición de las parcelas, los nombres de los lugares en glifos topónimos, las medidas de las parcelas conforme a la agrimensura mesoamericana, el tipo de producto que generaban y sus cantidades, los caciques que las señoreaban y otros variados datos. Estos documentos aportan importantes detalles sobre la geografía de vastas zonas del México central a principios del período virreinal: una época en la que la región estaba en rápida transformación. Actualmente el Códice del Marquesado del Valle está en el Archivo General de la Nación de México, Colección Hospital de Jesús, volumen 487, legajo 276.