Hombre de negocios ruso hablando con dos trabajadores que intentan reparar un acorazado ruso dañado

La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) se documentó de diversas formas, como xilografías, fotografías e ilustraciones. Las victorias de los militares japoneses en las primeras etapas de la guerra inspiraron impresiones de propaganda hechas por artistas japoneses. Este grabado forma parte de la serie Rokoku seibatsu senshō shōwa (La guerra de expedición contra Rusia: historias de risa). El ilustrador es Utagawa Kokunimasa, también conocido como Baidō Bōsai o Utagawa Kunimasa V (1874–1944). El escritor satírico Honekawa Dojin (seudónimo de Nishimori Takeki, 1862–1913) acompañaba cada ilustración con una descripción humorística. La serie se burlaba de los rusos por la percepción que se tenía de su debilidad militar, vanidad y cobardía. El texto está plagado de juegos de palabras construidos por medio del uso de caracteres chinos con connotación negativa, como la muerte y el sufrimiento, o los nombres de los lugares de batalla. En este grabado, los carpinteros que arreglan un barco de la armada se quejan de que, a pesar de sus esfuerzos, los japoneses lo hundirán de cualquier manera. En ese mismo instante los sorprende el ruido de un disparo de cañón.

Caricatura del ejército ruso que muestra a un oficial ruso con las tropas en formación

La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) se documentó de diversas formas, como xilografías, fotografías e ilustraciones. Las victorias de los militares japoneses en las primeras etapas de la guerra inspiraron impresiones de propaganda hechas por artistas japoneses. Este grabado forma parte de la serie Rokoku seibatsu senshō shōwa (La guerra de expedición contra Rusia: historias de risa). El ilustrador es Utagawa Kokunimasa, también conocido como Baidō Bōsai o Utagawa Kunimasa V (1874–1944). El escritor satírico Honekawa Dojin (seudónimo de Nishimori Takeki, 1862–1913) acompañaba cada ilustración con una descripción humorística. La serie se burlaba de los rusos por la percepción que se tenía de su debilidad militar, vanidad y cobardía. Aquí se representa a los soldados rusos como muertos de hambre, con sus líneas de suministro cortadas por los japoneses. Cuando el comandante los reprende por ser tan débiles, responden que estarían agradecidos si los japoneses atacaran. Eso les permitiría «comer espuma» (ponerse nerviosos) y «comer balas» (que les disparen), expresiones que transmiten el pánico, la confusión, el hambre y la desesperación de los rusos.

Un doctor y una enfermera rusos atendiendo a un hombre en cama que tiene un acorazado ruso en vez de cabeza

La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) se documentó de diversas formas, como xilografías, fotografías e ilustraciones. Las victorias de los militares japoneses en las primeras etapas de la guerra inspiraron impresiones de propaganda hechas por artistas japoneses. Este grabado forma parte de la serie Rokoku seibatsu senshō shōwa (La guerra de expedición contra Rusia: historias de risa). El ilustrador es Utagawa Kokunimasa, también conocido como Baidō Bōsai o Utagawa Kunimasa V (1874–1944). El escritor satírico Honekawa Dojin (seudónimo de Nishimori Takeki, 1862–1913) acompañaba cada ilustración con una descripción humorística. La serie se burlaba de los rusos por la percepción que se tenía de su debilidad militar, vanidad y cobardía. El texto está plagado de juegos de palabras construidos por medio del uso de caracteres chinos con connotación negativa, como la muerte y el sufrimiento, o los nombres de los lugares de batalla. En este grabado publicado en 1904, un acorazado ruso está en cama, enfermo, sufriendo los efectos de tantas batallas con los japoneses, en las que los rusos no tuvieron esperanza de salir victoriosos.

El general Kuropatkin y su tropa parten con alegría de San Petersburgo hacia el frente

La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) se documentó de diversas formas, como xilografías, fotografías e ilustraciones. Las victorias de los militares japoneses en las primeras etapas de la guerra inspiraron impresiones de propaganda hechas por artistas japoneses. Kobayashi Kiyochika (1847–1915) aportó este grabado, cuyo objetivo era ridiculizar y que constaba de una sola hoja, a la serie Nihon banzai hyakusen hyakushō (Larga vida a Japón: 100 victorias, 100 risas). Kiyochika, conocido por producir xilografías utilizando métodos de pintura occidental, había estado brevemente bajo la tutela de Charles Wirgman (1832–1891), un caricaturista inglés del Illustrated London News. Kiyochika también se convirtió en caricaturista político a tiempo completo para una revista japonesa entre 1882 y 1893. El escritor satírico Honekawa Dojin (seudónimo de Nishimori Takeki, 1862–1913) acompañaba cada ilustración con una descripción humorística. La serie se burlaba de los rusos por la percepción que se tenía de su debilidad militar, vanidad y cobardía. Este grabado muestra al general Alexei N. Kuropatkin, ministro de guerra imperial ruso, dejando a dos desconsoladas mujeres, su esposa y su amante, mientras su tropa espera en el fondo. La esposa y la amante se resisten a que vaya al frente y le preguntan por qué no finge estar enfermo, considerando que engaña a la gente con regularidad. El general les pide que lo esperen, ya que va a correr por su vida. Sus soldados están cansados de esperar y bostezan.

El zar Nicolás II caminando sobre una cuerda floja sostenida por tres rifles en la costa y un barco que se hunde

La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) se documentó de diversas formas, como xilografías, fotografías e ilustraciones. Las victorias de los militares japoneses en las primeras etapas de la guerra inspiraron impresiones de propaganda hechas por artistas japoneses. Kobayashi Kiyochika (1847–1915) aportó este grabado, cuyo objetivo era ridiculizar y que constaba de una sola hoja, a la serie Nihon banzai hyakusen hyakushō (Larga vida a Japón: 100 victorias, 100 risas). Kiyochika, conocido por producir xilografías utilizando métodos de pintura occidental, había estado brevemente bajo la tutela de Charles Wirgman (1832–1891), un caricaturista inglés del Illustrated London News. Kiyochika también se convirtió en caricaturista político a tiempo completo para una revista japonesa entre 1882 y 1893. El escritor satírico Honekawa Dojin (seudónimo de Nishimori Takeki, 1862–1913) acompañaba cada ilustración con una descripción humorística. La serie se burlaba de los rusos por la percepción que se tenía de su debilidad militar, vanidad y cobardía. Este grabado muestra al zar Nicolás II, gobernante de Rusia, bailando en la cuerda floja entre la tierra y el mar. La guerra se libró en tierra y mar, y las fuerzas rusas sufrieron grandes pérdidas en ambos escenarios.

Almirante ruso lleva todas las de perder

La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) se documentó de diversas formas, como xilografías, fotografías e ilustraciones. Las victorias de los militares japoneses en las primeras etapas de la guerra inspiraron impresiones de propaganda hechas por artistas japoneses. Kobayashi Kiyochika (1847–1915) aportó este grabado, cuyo objetivo era ridiculizar y que constaba de una sola hoja, a la serie Nihon banzai hyakusen hyakushō (Larga vida a Japón: 100 victorias, 100 risas). Kiyochika, conocido por producir xilografías utilizando métodos de pintura occidental, había estado brevemente bajo la tutela de Charles Wirgman (1832–1891), un caricaturista inglés del Illustrated London News. Kiyochika también se convirtió en caricaturista político a tiempo completo para una revista japonesa entre 1882 y 1893. El escritor satírico Honekawa Dojin (seudónimo de Nishimori Takeki, 1862–1913) acompañaba cada ilustración con una descripción humorística. La serie se burlaba de los rusos por la percepción que se tenía de su debilidad militar, vanidad y cobardía. Este grabado muestra a un oficial de la armada rusa que ha huido de la Batalla de Port Arthur, solo para ser descubierto por los japoneses, quienes lo hicieron volar por el aire. Solo queda su pie, lo que, admite, lo hace más un make-mono (fracaso) que un bake-mono (monstruo), como supusieron los marineros japoneses, a quienes se los muestra riéndose de él.

Soldado ruso a caballo, con una espada en la mano derecha, una lanza en la mano izquierda y un rifle montado sobre su pecho, con una cuerda que va desde el gatillo hasta su boca

La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) se documentó de diversas formas, como xilografías, fotografías e ilustraciones. Las victorias de los militares japoneses en las primeras etapas de la guerra inspiraron impresiones de propaganda hechas por artistas japoneses. Kobayashi Kiyochika (1847–1915) aportó este grabado, cuyo objetivo era ridiculizar y que constaba de una sola hoja, a la serie Nihon banzai hyakusen hyakushō (Larga vida a Japón: 100 victorias, 100 risas). Kiyochika, conocido por producir xilografías utilizando métodos de pintura occidental, había estado brevemente bajo la tutela de Charles Wirgman (1832–1891), un caricaturista inglés del Illustrated London News. Kiyochika también se convirtió en caricaturista político a tiempo completo para una revista japonesa entre 1882 y 1893. El escritor satírico Honekawa Dojin (seudónimo de Nishimori Takeki, 1862–1913) acompañaba cada ilustración con una descripción humorística. La serie se burlaba de los rusos por la percepción de su debilidad militar, así como por su vanidad y cobardía. Este grabado muestra a un soldado cosaco angustiado que lleva varias armas para protegerse desde todos los ángulos. Le preocupa caer del caballo si lo atacan por la espalda.

Kuropatkin juega con demasiada brusquedad con sus juguetes

La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) se documentó de diversas formas, como xilografías, fotografías e ilustraciones. Las victorias de los militares japoneses en las primeras etapas de la guerra inspiraron impresiones de propaganda hechas por artistas japoneses. Kobayashi Kiyochika (1847–1915) aportó este grabado, cuyo objetivo era ridiculizar y que constaba de una sola hoja, a la serie Nihon banzai hyakusen hyakushō (Larga vida a Japón: 100 victorias, 100 risas). Kiyochika, conocido por producir xilografías utilizando métodos de pintura occidental, había estado brevemente bajo la tutela de Charles Wirgman (1832–1891), un caricaturista inglés del Illustrated London News. Kiyochika también se convirtió en caricaturista político a tiempo completo para una revista japonesa entre 1882 y 1893. El escritor satírico Honekawa Dojin (seudónimo de Nishimori Takeki, 1862–1913) acompañaba cada ilustración con una descripción humorística. La serie se burlaba de los rusos por la percepción que se tenía de su debilidad militar, vanidad y cobardía. Este grabado muestra al general Alexei Nikolaevich Kuropatkin, ministro de guerra imperial ruso, jugando con soldados de juguete mientras una mujer lo observa sentada en el piso. Se describe al militar ruso como el organizador de un baile frenético. Los soldados, sin embargo, son cobardes y se parten tan pronto como los envían al campo de batalla.

Anciano con una bandera liderando a un grupo de ciudadanos varones en una procesión en la noche

La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) se documentó de diversas formas, como xilografías, fotografías e ilustraciones. Las victorias de los militares japoneses en las primeras etapas de la guerra inspiraron impresiones de propaganda hechas por artistas japoneses. Kobayashi Kiyochika (1847–1915) aportó este grabado, cuyo objetivo era ridiculizar y que constaba de una sola hoja, a la serie Nihon banzai hyakusen hyakushō (Larga vida a Japón: 100 victorias, 100 risas). Kiyochika, conocido por producir xilografías utilizando métodos de pintura occidental, había estado brevemente bajo la tutela de Charles Wirgman (1832–1891), un caricaturista inglés del Illustrated London News. Kiyochika también se convirtió en caricaturista político a tiempo completo para una revista japonesa entre 1882 y 1893. El escritor satírico Honekawa Dojin (seudónimo de Nishimori Takeki, 1862–1913) acompañaba cada ilustración con una descripción humorística. La serie se burlaba de los rusos por la percepción que se tenía de su debilidad militar, vanidad y cobardía. Este grabado afirma que los ciudadanos rusos hacen una procesión con faroles después de sus sucesivas derrotas en batalla: un evento que en Japón se reserva para las victorias. Se levantan banderas blancas de rendición, mientras que se cantan canciones en las que los rusos aceptan su propia debilidad. Al preguntársele por qué el gobierno ruso está haciendo la vista gorda a esto, un ciudadano responde que han perdido frente a la gran fuerza del pueblo japonés.

El general Kuropatkin en un lugar seguro

La Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) se documentó de diversas formas, como xilografías, fotografías e ilustraciones. Las victorias de los militares japoneses en las primeras etapas de la guerra inspiraron impresiones de propaganda hechas por artistas japoneses. Kobayashi Kiyochika (1847–1915) aportó este grabado, cuyo objetivo era ridiculizar y que constaba de una sola hoja, a la serie Nihon banzai hyakusen hyakushō (Larga vida a Japón: 100 victorias, 100 risas). Kiyochika, conocido por producir xilografías utilizando métodos de pintura occidental, había estado brevemente bajo la tutela de Charles Wirgman (1832–1891), un caricaturista inglés del Illustrated London News. Kiyochika también se convirtió en caricaturista político a tiempo completo para una revista japonesa entre 1882 y 1893. El escritor satírico Honekawa Dojin (seudónimo de Nishimori Takeki, 1862–1913) acompañaba cada ilustración con una descripción humorística. La serie se burlaba de los rusos por la percepción que se tenía de su debilidad militar, vanidad y cobardía. Este grabado pone énfasis en los estereotipos de debilidad y cobardía al mostrar al general Alexei Nikolaevich Kuropatkin, ministro de guerra imperial ruso, preparándose para los ataques enemigos al armarse y, al mismo tiempo, atarse una bandera blanca en su espalda para rendirse. Cuando un soldado japonés llega furtivamente por la espalda, Kuropatkin se siente aliviado porque el soldado no ha detonado la mina terrestre que había plantado delante de él.