9 de noviembre de 2011

Libro de geometría, práctica y patrones

Esta obra impresa en formato apaisado es el primer tratado de sastrería publicado en España. Abrió el camino a otras publicaciones de este tipo a finales del siglo XVI y principios del XVII. El autor fue Juan de Alcega, nacido de Guipúzcoa (en la región vasca en el norte de España) y sastre de oficio. En su dedicatoria, a un teólogo llamado Tejada, describe a «esta mi obrezilla cosa nueua, y hasta oy no vista en nuestra España» (esta, mi pequeña obra, algo nuevo, hasta hoy no visto en nuestra España). La utilidad de esta obra fue confirmada por Hernán Gutiérrez, sastre de la princesa de Portugal, y Juan López de Burgette, sastre del duque de Alba, quienes el 21 de agosto de 1579, tras examinar la obra y los conocimientos del autor, consideran que «el dicho libro es muy bueno, vtil y prouechoso para toda la republica» (el dicho libro es muy bueno, útil y provechoso para toda la república) y recomiendan que el autor tenga licencia para que la pueda imprimir y vender a precio justo. El rey otorgó la licencia el 13 de septiembre de 1579, y el libro se imprimió en Madrid en 1580. La obra de Alcega está estructurada en tres partes en las que pretende transmitir sus conocimientos a pesar de que, como dice en el prefacio al lector, estuvo a punto de abandonar en varias ocasiones, porque «quando considere la mucha costa, y varios moldes que eran meneste» (cuando consideré la mucha costa, y varios moldes que eran menester), o bien porque «fueron tantas las contradiciones, y pleytos que tuue en el Real Consejo sobre la impression deste libro» (fueron tantas las contradiciones y pleitos que tuve en el Real Consejo sobre la impresión de este libro). En la primera parte explica el origen de la «bara de medir que vsamos en estos Reynos de Castilla» (vara de medir que usamos en los reinos de Castilla), que está dividida en «dozauo, y ochaua, y sesma, y quarta, y tercia, y media bara» (doceavo, octavo, sexto, cuarto, tercio y mitad de vara). A continuación menciona cómo se debían reducir las medidas del paño a «dos baras de anchura» (dos varas de anchura) a los de cualquier otro tamaño. Mediante el uso de quebrados dedica 22 capítulos a este tema, para que cualquiera pudiera pedir correctamente el paño, seda u otra tela necesaria para realizar los vestidos de hombres o mujeres sin desperdiciar ni quedar escaso de género. En la segunda parte, Alcega presenta 135 traças (patrones) para realizar vestidos para hombre, mujer, clérigos, comendadores de órdenes militares, y trajes para justas y juegos de cañas y hasta banderas de guerra. Se destaca la calidad de los diseños, que contrasta con el descuido en la composición de los textos explicativos que los acompañan. En la tercera parte, Alcega especifica las cantidades de tela necesarias para realizar cada uno de los trajes, mediante unas tablas que combinan tres posibles largos del traje por 14 posibles anchos de las telas que podrían usarse.

Cuatro libros de la naturaleza y virtudes de las plantas y animales de uso medicinal en la Nueva España

Francisco Hernández de Toledo (1514–1587) fue un médico de la corte a quien, en 1570, el rey Felipe II de España le ordenó embarcarse en una misión científica a la Nueva España (como entonces se llamaba a México) para estudiar las plantas medicinales del Nuevo Mundo. Hernández viajó durante siete años por el país, recolectando especímenes y juntando información acerca de cómo los médicos autóctonos utilizaban las hierbas. Regresó a España en 1577 con 16 volúmenes de notas y numerosas ilustraciones hechas por tres pintores indígenas que lo ayudaron con su trabajo. Hernández murió en 1587 sin ver su obra publicada. Su editor, Recchi, también murió en 1595, sin haber terminado la obra. Quatro libros de la naturaleza y virtudes de las plantas y animales que estan receuidos en el uso de la medicina en la Nueva España (Cuatro libros de la naturaleza y virtudes de las plantas y animales de uso medicinal en la Nueva España) es la traducción al español del original de Hernández en latín. La realizó Francisco Ximénez, fraile y enfermero del convento de San Domingo de México, y la publicó en México en 1615. Como no se conservó ninguna de las copias manuscritas que Hernández había dejado en México, Ximénez utilizó para esta edición una copia del resumen de Recchi. Además, añadió algunas observaciones personales y suprimió las ilustraciones. La traducción y las nuevas observaciones sobre los métodos farmacéuticos, dosis y preparaciones mostraron un avance en el conocimiento en relación con los descubrimientos originales de Hernández, pero no fueron parte de la revolución científica europea que por lo general excluyó a la ciencia española de la época.

Atlas de Battista Agnese

Battista Agnese (circa 1500–1564) fue un cartógrafo italiano nacido en Génova, que trabajó en Venecia entre 1536 y 1564 y se convirtió en una de las figuras más importantes de la cartografía renacentista. Creó aproximadamente 100 atlas manuscritos, de los cuales se conservan más de 70, ya sea con su firma o atribuidos a su escuela. Sus atlas, considerados obras de arte por su gran calidad y belleza, son en su mayoría atlas portuláneos o náuticos, impresos en vitela, para oficiales de alto grado o para ricos mercaderes. Este atlas de 1544 contiene 15 láminas iluminadas a página completa, con mapas detallados y figuras geográficas, en colores vivos, decorados con angelotes sobre nubes. Algunos de los mapas están decorados con trazos de oro. El mapamundi ovalado tiene angelotes, o cabezas de viento, en nubes azules y doradas que representan los 12 puntos clásicos del viento, que evolucionaron hasta convertirse en los puntos cardinales modernos. Los mapas más detallados muestran costas completas, puertos y ríos y fueron de ayuda para la navegación de la época, pero en general no representan características de tierra firme más allá de aldeas y ciudades. El atlas incluye una esfera armilar y una carta del zodíaco finamente dibujada.

Compendio de cosmografía

Pedro de Medina (1493–1567) fue un cartógrafo, autor y fundador de las ciencias marinas. Vivió en Sevilla, el centro de la empresa náutica española y punto de partida de los barcos hacia el Nuevo Mundo. Trabajó en el entorno de la Casa de Contratación, la agencia gubernamental española que controlaba la exploración y colonización, aunque nunca estuvo empleado en ella. En 1545 Medina publicó su obra más importante, El arte de navegar, una visión general de lo que se sabía hasta el momento en la materia. El libro tuvo difusión internacional y muy pronto se tradujo a varios idiomas europeos. Medina también escribió libros de historia y filosofía, entre los que están el Libro de las grandezas y cosas memorables de España, el Libro de la verdad y la Crónica de los excelentes señores duques de Medina Sidonia. Suma de Cosmographia (Compendio de cosmografía) se considera un extracto de El arte de navegar, y contiene información sobre astrología y navegación, escrita para una audiencia no especializada. El manuscrito de tamaño folio, en pergamino, contiene 11 bellas figuras astronómicas con el texto que las acompaña. Las ilustraciones están dibujadas con cuidado e iluminadas en oro y colores vivos; las iniciales de las páginas de texto están resaltadas con recuadros dorados. Un exquisito mapamundi a doble página, iluminado en rojo, azul, verde, siena y oro, representa el mundo conocido y refleja el estado del conocimiento geográfico en España y Portugal en ese momento. La línea de demarcación entre los dominios de España y Portugal, establecida en 1494 en el Tratado de Tordesillas, tiene un lugar destacado en el mapa.

Escritos de Lope de Vega: Códice Daza

Félix Arturo Lope de Vega (1562–1635) fue un dramaturgo y poeta durante el Siglo de Oro español, famoso por su prodigiosa producción. Escribió alrededor de 3000 sonetos, tres novelas, cuatro novelas cortas, nueve poemas épicos y alrededor de 1800 obras de teatro. Este manuscrito, conocido como el Códice Daza, es un borrador firmado que Lope escribió entre 1631 y 1634, casi al final de su vida. No es un libro en sí mismo sino un cartapacio misceláneo que perteneció al duque de Sessa, patrono de Lope y primer coleccionista. Las últimas 96 páginas están encuadernadas al revés. La encuadernación de época, en pergamino, lleva sobre la cubierta a modo de título, la siguiente anotación en tinta: «Aquí están las églogas», lo que indica el contenido, principalmente obra poética de tema pastoril, aunque también prosa. Contiene trabajos inéditos y fragmentos de varias obras conocidas. Entre las últimas está La Dorotea (su principal obra en prosa, un extenso diálogo que Lope prefería denominar «acción en prosa», publicada en 1632), y «Amarilis, huerto desecho». Las obras están intercaladas en el manuscrito, lo que indica el método de Lope de crear varias piezas a la vez.

El Poema del Cid

El documento que se muestra aquí es la única copia manuscrita sobreviviente del Poema del Cid, obra cumbre de la literatura épica medieval castellana y el poema épico español más antiguo que haya sobrevivido completo. El poema narra las hazañas del noble castellano Rodrigo Díaz de Vivar, que vivió en la segunda mitad del siglo XI. El Cid (que quiere decir señor) batalla contra los moros en un esfuerzo por restaurar su honor después de haber sido injustamente acusado de robar dinero al rey. El poema, en su forma escrita, parece basarse en una serie de versiones orales anteriores, que debieron circular desde poco después de la muerte del Cid. Sin embargo, la autoría y la fecha de realización todavía están en debate y los eruditos han planteado numerosas hipótesis acerca de los orígenes de la obra. Este manuscrito, conocido como el Códice de Per Abat, se copió en el siglo XIV de un texto anterior fechado en 1207 y firmado por Per Abat (Pedro abad). Faltan varias páginas del manuscrito, y el texto tiene correcciones y anotaciones de diferentes personas hechas en diferentes momentos. La ornamentación del manuscrito se reduce a alguna mayúscula destacada y a dos cabezas femeninas en el recto de la hoja 31, que podrían representar a las hijas del Cid, quienes tuvieron un papel prominente en la historia. Muchos fragmentos del manuscrito fueron excesivamente ennegrecidos por los reactivos que se utilizaron a finales del siglo XIX para avivar las tintas y facilitar su lectura. Esta copia fue donada a la Biblioteca Nacional de España en 1960 por la Fundación Juan March, que a su vez se la compró a la familia del medievalista español Ramón Menéndez Pidal.