Dieta Imperial

Esta impresión multicolor muestra el segundo edificio temporario de la Dieta Imperial. Fue construido en 1891 en Hibiya Uchisaiwaichō, el centro de Tokio, en sustitución del primer edificio temporario de la Dieta Imperial, que fue destruido en un incendio. Su estilo combina elementos de la arquitectura tradicional japonesa con elementos occidentales atribuibles al arquitecto alemán que lo realizó. Las sesiones de la Dieta Imperial se celebraron en este edificio 48 veces antes de que también se quemara, en 1925. El actual edificio de la Dieta Nacional fue construido en Nagatachō, área metropolitana de Tokio, en 1936.

Programa de ocho puntos para un nuevo gobierno

Este manuscrito es el proyecto a mano de las propuestas formuladas por Sakamoto Ryōma (1836-1867) y Gotō Shōjirō (1838-1897), activistas proimperiales del dominio Tosa (actualmente la prefectura de Kochi), en el oeste de Japón, en 1867. En este documento, Ryōma y Shōjirō propusieron un programa de ocho puntos de reformas políticas que debía tomar el nuevo gobierno imperial después de la esperada renuncia de Tokugawa Yoshinobu (1837-1913), el último sogún. Las reformas propuestas incluían la promulgación de nuevas leyes fundamentales, la contratación de personas capaces para servir como asesores del gobierno, el establecimiento de relaciones diplomáticas con potencias extranjeras y el establecimiento de un parlamento y de un cuartel general para el ejército y la marina.

La Marsellesa

Claude-Joseph Rouget de Lisle (1760-1836), un ingeniero del ejército francés, escribió las palabras y la música de «La Marsellesa», el himno nacional de Francia, en el curso de una sola noche en abril de 1792. Su intención era que la canción se usara como una canción de marcha del ejército francés cuando ingresaban en Renania, tras el estallido de la guerra entre Francia y Austria y Rusia. Esta grabación, hecha alrededor de 1898-1900, es una de las primeras grabaciones de la canción. En 1893, Henri Lioret (1848-1938), un relojero de profesión, desarrolló un cilindro cónico de celuloide (un material menos frágil que la cera que se usaba generalmente para las primeras grabaciones) montado sobre un bastidor de latón que era capaz de grabar sonido. El primero de estos cilindros, conocido como «servilletero» en forma de anillo, se utilizó casi exclusivamente en muñecas que hablaban pero Lioret más tarde aumentó el tamaño de los anillos, lo que multiplicó sus usos para la grabación y reproducción de sonido. De conformidad con las convenciones contemporáneas, la grabación va precedida de un anuncio. Los nombres de los músicos no se dan. Una corneta, un instrumento de latón especialmente adecuado para la grabación acústica, acompaña al cantante.

El juego de Francia

Pierre Duval (1619-1683) era el sobrino del gran geógrafo francés Nicolás Sanson (1600-1667) que pasó a ser de «geógrafo del rey» por derecho propio. En las décadas de 1660 y 1670 publicó un gran número de atlas y obras geográficas. Duval fue el primero en Francia en concebir juegos geográficos que tenían por objeto informar e instruir a la vez que ofrecían entretenimiento. Jeu de France (El juego de Francia) es una especie de juego de la oca compuesto de 63 cuadrados que representan a cada provincia, excepto la última, que contiene un mapa de todo el reino. El juego ofrece información sobre los clichés y los estereotipos que los parisinos le atribuyeron a las provincias francesas. Bretaña es famosa por su libertinaje, Tours por sus encantadoras avenidas, Forez para sus cuchillos y tijeras, y Ponthieu como un teatro de operaciones para el ejército del rey (en referencia a la reciente guerra franco-española).

Distribución geográfica de la población en Francia, o densidad de población por comuna

Víctor Turquan (nacido en 1857 y fallecido en el siglo XX) fue la autoridad de la Oficina de Estadística Francesa desde 1887 a 1896. Escribió numerosos trabajos sobre estadísticas económicas y demográficas, que incluyen mapas con graduación por colores e isolíneas (líneas de puntos de conexión con igualdad de valores). Para Turquan, «el estudio de la distribución de la población en el territorio de un país pertenece tanto a la geografía como a la estadística». En una época en la que rara vez se utilizaba el color, incluso en cuadros estadísticos, creó este mapa de la distribución de la población en Francia utilizando isopletas (líneas que rodean las zonas con características similares) y «campos de color» para dibujar las diferentes regiones. Los poderes de visualización de Turquan y la calidad estética de sus mapas hicieron que su trabajo se destacara del de otros estadísticos de su tiempo, y prefiguró el desarrollo más sistemático de la cartografía cuantitativa en el siglo XX.

Plan para mejorar y embellecer la ciudad de París, de acuerdo con los diseños ya esbozados por el gobierno

Charles de Wailly (1730-1798) fue un arquitecto francés que es conocido hoy por los edificios que diseñó, más que por sus planos de renovación urbana. El trabajo que llevó a cabo como planificador urbano se limitó a los alrededores de la Ópera de París y al nuevo Port-Vendres, en Roussillon. De Wailly, sin embargo, tenía un gran número de ideas para la renovación urbana que nunca avanzaron más allá de la etapa de planificación. Diseñó al menos dos conceptos generales para un renovado París. Uno de ellos parece haber desaparecido, y el otro, adquirido por la Biblioteca Nacional de Francia en 1913, representa el primer intento de una reorganización total de la capital. Diferenciándose de las ideas de los planificadores anteriores, que habían propuesto la reconstrucción de la ciudad por sectores, de Wailly preveía una profunda reinvención de todo el paisaje parisino. Su plan incluía nuevas y grandes avenidas, la construcción de plazas públicas, de monumentos, más vivienda, la unión de las islas de la ciudad (Cité, Saint-Louis y Louviers), y la mejora del flujo del río Sena. De Wailly planificó no sólo embellecer la ciudad, sino maximizar la eficiencia del espacio urbano.

Sarah Bernhardt: rompecabezas compuesto de diez postales que muestran a Sarah en sus diferentes papeles

Sarah Bernhardt (1844-1923) fue una actriz francesa que fue posiblemente la más famosa actriz del siglo XIX. Deliberadamente, y por todo tipo de medios, cultivaba un aura a su alrededor que la llevó a obtener títulos tales como «la divina Sarah» y el «monstruo sagrado». En Francia y en otros países, su imagen circulaba sin cesar en pinturas, grabados, fotografías, estatuas, carteles, anuncios y dibujos satíricos. Este rompecabezas, que consta de diez postales, muestra su silueta en sus más famosos papeles: femeninos y masculinos, trágicos y dramáticos. A lo largo de su carrera, Bernhardt reinterpretó muchos papeles clásicos, como el papel principal en Phèdre de Jean Racine (1639-1699), pero también tuvo varios papeles que autores contemporáneos crearon exclusivamente para ella, por ejemplo, en obras tales como El transeúnte (1869) de François Coppée (1842-1908), Frou-Frou (1883) de Henri Meilhac (1831-1897) y Ludovic Halévy (1834-1908), Theodora (1884) de Victorien Sardou (1831-1908), y El aguilucho (1900) de Edmond Rostand (1868-1918).

Antigüedades judías

Jean Fouquet (ca. 1410-ca. 1480) fue el mayor pintor francés del siglo XV. Su genio se refleja en sus ilustraciones de Antigüedades judías, que Fouquet creó para Jacques d’Armagnac, el duque de Nemours. Fouquet viajó a Italia siendo joven, donde aprendió a pintar con gran precisión de detalle y a utilizar la perspectiva aérea, pero continuó utilizando a su Touraine natal como fuente de inspiración en muchos aspectos de su arte, en particular las formas y el color. En estas ilustraciones, su descripción del sitio de Jericó, evoca una ciudad a orillas del Loire, mientras que su Templo de Jerusalén se asemeja a una alteración de la Catedral de Tours. Antigüedades judías fue escrito por el historiador judío del siglo I, Flavio Josefo (ca. 380-ca. 100) y relata la historia del pueblo judío desde la Creación hasta el estallido de la revuelta judía contra los romanos en el año 66 d. C. Compuesto en griego y traducido al latín, el libro fue leído por los primeros cristianos, y siguió siendo popular entre los cristianos y los judíos. Este manuscrito perteneció al rey francés Francisco I (1494-1547), quien lo confiscó en 1523 de manos de Carlos III, duque de Borbón (1490-1527).