Los desastres de la guerra

Descripción

La Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid conserva entre sus tesoros dos ejemplares (uno de la Facultad de Filosofía y Letras, y uno de la Facultad de Medicina) de los cien que formaron la tercera edición de la serie Los desastres de la guerra, de Francisco de Goya. Con sus grabados, Goya ilustra episodios que presenció tanto en Madrid como en Zaragoza, su tierra natal, donde realizó esta obra tras huir de la corte entre 1810 y 1815. Estos grabados se publicaron de forma póstuma. El Museo Británico conserva un ejemplar que Goya le regaló a su amigo Ceán Bermúdez, cuyo título es Fatales consequencias de la sangrienta guerra en España con Buonaparte. Y otros caprichos enfaticos. Las láminas se conservaron en la Quinta del Sordo, la casa de campo del artista, y pasaron a ser propiedad de su hijo Javier hasta su fallecimiento en 1854. En 1862, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando adquirió 80 placas de cobre, que editó por primera vez en 1863 con el título «Los desastres de la guerra». En 1870, Paul Lefort recuperó las dos últimas estampas, la 81 y la 82, y las donó a la Academia. Así quedó reunido todo el conjunto que hoy se conserva en la Calcografía Nacional de Madrid (calcografía es el arte de grabar por medio de placas de cobre). En esta serie, Goya decide centrarse en la otra cara de la guerra: sus calamidades y su miseria. No hay grandes escenas de batalla: las luchas son protagonizadas por muy pocas personas. Mientras que en los dibujos preparatorios para esta obra hay algunos elementos paisajísticos, en la versión final de las estampas se eliminan esos elementos anecdóticos y la imagen se universaliza. Las escenas bélicas aparecen desprovistas del heroísmo y el triunfalismo tradicionales, y el artista acentúa el horror de la guerra de una forma novedosa y moderna, y sorprende por la falta de denuncia hacia un bando concreto. Se culpa a los franceses por su ocupación y a los españoles por su violencia desmedida. El erudito Enrique Lafuente Ferrari argumenta que Goya no debió de haber editado Los desastres de la guerra en su época por temor a la reacción absolutista, y que Ceán, igualmente temeroso, agregó el título «Caprichos enfáticos» a las imágenes más comprometedoras, tratando así de justificarlas. Las técnicas varían en cada lámina: junto al aguafuerte, una novedad en la España de su época, Goya utiliza la acuarela y el aguatinta. En consecuencia, puede observarse el uso de diferentes métodos en un mismo grabado. Según Lafuente, el empleo del aguafuerte enfatiza los efectos dramáticos. Hay, en total, siete ediciones publicadas hasta 1937. La última de ellas fue la estampada por Adolfo Rupérez, afamado impresor de grabados de artistas, en cuya introducción se aconseja «no tirar más pruebas de tan sagradas reliquias, pues de lo contrario desaparecerán para siempre».

Última actualización: 31 de julio de 2017