Abejas merovingias

Descripción

El sepulcro de Childerico, rey de los francos salios en 457-481 y padre de Clodoveo, fue descubierto por casualidad en 1653 por trabajadores de la construcción cerca de la iglesia de San Bricio en Tournai, en la actual Bélgica. El tesoro encontrado se entregó al archiduque Leopoldo Guillermo de Habsburgo (1614-1662), gobernador de los Países Bajos del sur (en ese entonces, bajo dominio español). El archiduque le pidió al doctor en medicina y especialista en antigüedades Jean-Jacques Chifflet que escribiera un estudio sobre el hallazgo, que se publicó en Amberes, en 1655, bajo el título Anastasis Childerici I (La resurrección de Childerico I). Luego, el tesoro se envió a Viena con el resto de las colecciones del archiduque. En 1665, el emperador Leopoldo I se la ofreció al rey Luis XIV como obsequio diplomático. El tesoro todavía incluye monedas bizantinas, joyas de la espada y el scramasax (un gran cuchillo utilizado en la guerra y la caza) de Childerico, la hoja de un hacha franca, la fíbula que sujetaba el paludamentum (manto o capa usada por los comandantes militares romanos), una bola de cristal y dos de las abejas o cigarras de oro con alas con cloisonné de granate (incrustaciones de granate) que se utilizaban para decorar el escudo real o el arnés del caballo del rey y que se pueden apreciar aquí. Estas abejas merovingias inspiraron a Napoleón, quien, para escapar de la flor de lis que se había utilizado desde el reinado de Hugo Capeto en el siglo X, las adoptó como símbolo del Imperio francés. El anillo de sello con las palabras CHILDIRICI REGIS y el retrato grabado del rey de largos cabellos, que había sido la clave para identificar el tesoro, fueron robados del Cabinet des Médailles de la Biblioteca Nacional de Francia en 1831. La investigación del robo fue dirigida por Eugène François Vidocq, el famoso excriminal devenido en detective. Sin embargo, el caso nunca se resolvió, y los elementos perdidos nunca se recuperaron.

Última actualización: 31 de julio de 2014