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«Libro de las constelaciones de las estrellas fijas», de al-Sufi, seguido de máximas y de «Las maravillas de la creación», de al-Qazwini

«Libro de las constelaciones de las estrellas fijas», de al-Sufi, seguido de máximas y de «Las maravillas de la creación», de al-Qazwini Este volumen manuscrito contiene dos obras. La primera es una copia del siglo XIV de Kitāb ṣuwar al-kawākib (Libro de las constelaciones de las estrellas fijas), de ʻAbd al-Rahman ibn ʻUmar al-Sufi (903-986). La segunda es una traducción turco-otomana del siglo XVII de la primera parte de Kitāb ‘Ajā’ib al-makhlūqāt wa-gharā’ib al-mawjūdāt (Las maravillas de la creación). Esta obra, de Zakariya ibn Muhammad al-Qazwini (1203-1283), es una cosmografía en dos partes, la primera de las cuales versa sobre las criaturas sobrenaturales. En medio de las dos obras, se presentan cuatro páginas de máximas que se atribuyen a varios autores, como Platón, Jesús, Mahoma y Ali. Al-Sufi, conocido en Occidente como Azophi, nació en Persia (hoy Irán) y trabajó en Isfahán y en Bagdad. Es famoso por haber traducido del griego al árabe la obra Almagesto, del astrónomo de la antigüedad Ptolomeo. El libro que se presenta aquí es su trabajo más importante, escrito alrededor de 964. En él, al-Sufi describe las 48 constelaciones identificadas por Ptolomeo y agrega opiniones y correcciones propias. Proporciona los nombres árabes locales de cada una de las estrellas de las constelaciones, los dibujos que las representan y un cuadro de estrellas, con sus correspondientes ubicación y magnitud. El libro de al-Sufi impulsó el trabajo sobre astronomía en los mundos árabe e islámico y ejerció una enorme influencia en el desarrollo de la ciencia en Europa. La obra fue copiada y traducida con mucha frecuencia. Al-Qazwini nació en la ciudad persa de Qazwin y trabajó como experto legal y juez en Persia e Irak. También es conocido por su diccionario geográfico, Āthār al-bilād wa-akhbār al-‘ibād (Monumento de los lugares y la historia de los siervos de Dios), que, al igual que su cosmografía, refleja sus conocimientos acerca de una amplia gama de disciplinas. Las maravillas de la creación gozó de mucha popularidad en el mundo árabe y se transmitió durante siglos en numerosas copias. No se sabe quién fue el autor de la traducción al turco. Aparentemente, la empresa habría sido dedicada al sultán otomano Mustafá I (1591-1639).